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viernes, 19 de abril de 2013

Se acerca su primavera...

Se sienta a escuchar la melodía del piano que de trasfondo suena. Afuera, la ciudad en movimiento: los coches, la gente, los aviones que pasan sobre su cabeza... El piano la transporta lejos, a un bosque, a las montañas... Quizá, por su expresión, casi que roza con la punta de los dedos las nubes, esas en las que se esconden sus ángeles. Sonríe triste. La echa demasiado de menos, como todas esas veces en las que pierde fuerza y necesita sus abrazos. 

Sacude la cabeza, e intenta dejarse llevar por la música. In creccendo... Su estómago se revuelve con cada stacatto, con cada trémolo de las cuerdas que acompañan al teclado. Mira la tecla "esc" con cierto anhelo... 

Se pregunta qué pasará la próxima semana, dónde estará el lunes... Y de ser así, cómo tendrá que afrontarlo. La duda la mantiene en vilo, pero a la vez tiene ganas... Se contradice, pero en el fondo quiere volcarse en ellos, para olvidar un poco al resto del mundo que tanto le daña. Ellos, indefensos, se merecen lo mejor. Lo sabe, y sonríe: quiere estar en ese cielo. 

En semanas pasará otra más: se acerca su primavera. Otra más para sumar...o restar, según se mire. Ella prefiere las sumas porque implica el signo "+" que le recuerda a ser positiva, a ir hacia delante. Mira al cielo, sonríe y decide que hoy también se vestirá con sonrisas y no preocupará al resto del mundo. Lo intentará...porque ella sí es capaz de luchar por lo que cree. Un reto...contra sí misma.


domingo, 13 de mayo de 2012

“La tecla”


   Caminaban bajo la luz de aquel atardecer, en el que el sol jugaba a esconderse entre las nubes del horizonres, y  llegaba un brisa suave que traía consigo el olor a sal…
☆

- Algún día – dijo la joven de ojos color mar – llegará alguien que dé con la tecla.

- Eso te lo dejo para ti, que eres muy piano – respondió la de los ojos color canela.

- Bueno…siempre puede llegar alguien que sepa tocar las cuerdas… - dijo la primera, enarcando una ceja y luciendo una media sonrisa-risa.

- Sí, pero como bien sabes ese instrumento es de los más difíciles de tocar, es muy difícil que suene afinado – contestó muy seria la segunda - Pueden intentar tocarlo, incluso hacer que suene…pero si no saben cómo hacer que afine…es igual que nada.

☆

   Canela estaba perdida. Como nunca antes. Mar se lo dijo. Y también que por su afán de encontrarse más y más se perdía. O eso creyó entender Canela.      …


ஐ


   Canela se sienta en la ventana. Mira hacia fuera, las luces, la vida. Por un momento, cuando estaba con Mar, deseó algo que hacía tiempo que no deseaba, algo que deseó una vez cuando era muy, muy pequeña: que la vida se detuviese, y que solo ella siguiese en movimiento. Imaginó en aquel instante que, por un momento, los coches se detenían en medio de la calzada, las personas que por allí paseaban se quedaban heladas como si fuesen estatuas, la espuma blanca del oleaje quedaba suspendida en el aire tras estrellar contra las rocas… Por un instante, deseó que el mundo se detuviese, para echarse a dormir, sin que importase nada más. Como dijo Mafalda, “Paren el mundo, que me quiero bajar”, piensa mientras cierra los ojos y escucha el murmullo de la noche, en este mismo instante en el que escribo estas palabras.






Ay, Canela…hacía mucho que no te llamaba(n) así.
Ay, Canela…a veces tan dulce, a veces tan amarga…








p.d: parece que te lo hacen adrede, Canela. 
Para tí, escucha la letra....

jueves, 1 de septiembre de 2011

Lighthouse, Sea, Stars.

...acarició la tersa y suave piel de su panza; la rodeó y llegó hasta su espalda, sintiendo cada fibra tensarse y relajarse en un instante.
A ella le gustaba ese cosquilleo, le hacía sentir una oleada de vibraciones en cada rincón de su ser; temblaba de arriba a abajo pero no quería que se le notase, menos cuando él se acercaba lentamente hasta su cara quedando a menos de dos milímetros de su nariz...


jueves, 7 de abril de 2011

Del llanto a la risa.

   M. llegó llorando. Su cuerpo tenso no dejaba lugar a la relajación que allí se pretendía. "No quiero, quiero irme de aquí", decía en susurros inaudibles mezclados con su llanto. 
Y entonces Ella le cogió las manos, y le llamó por su nombre. Al principio M. no miraba, estaba demasiado perdid@, demasiado preocupad@ por encontrar la salida de aquel lugar. Entonces ella, con voz muy suave le dijo por tres veces "Mírame a los ojos". Al fin M. la miró. En cuanto se estableció el contacto visual, Ella le dijo, de nuevo con una voz suave y tranquila para transmitirle confianza: "No pasa nada, estoy aquí contigo; no te voy a dejar sol@, estoy aquí...". Y M. relajó su cuerpo, dejándose llevar un poco sujet@ de las manos de Ella. Las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas, mezcladas con el agua del entorno, pero ya no temblaba porque estaba relajad@. La voz de Ella le siguió hablando, cantarina, animándol@ a hacer eso que no quería y que tanto miedo le daba. Y tras varios minutos, M. comenzó a reír, a hablar: ¡no paraba!. Para asombro de ella y de otros, M. dejó a un lado ese llanto y reía feliz. Una sensación indescriptible trazó el alma de Ella ante este suceso. La confianza, la seguridad y la calma habían hecho que M. dejase a un lado sus temores.

   M. tenía que marcharse: ya era la hora. Pero lo haría riendo. Antes de irse, Ella le hizo prometer que el próximo día que se viesen no vendría llorando, y que si no lloraba, si no lo hacía, jugarían junt@s. M, segur@ de sí mism@, lo prometió, y salió corriendo feliz dirección a la salida. Ella se quedó unos segundos ensimismada, pensando en aquella pequeña criatura a la cual había tranquilizado en apenas 10 minutos y en otros 30 jugaron; Ella se quedó soñando despierta con su vocación real, y con lo que este encuentro suponía: el reafirmar lo que quiere ser y hacer; Ella deseó con todas sus fuerzas que la promesa que M. le había hecho fuese cumplida, para volver a ver en su carita de dos años y medio esa preciosa sonrisa.


miércoles, 30 de marzo de 2011

"No quiero a nadie que no seas tú"

   Estaban juntos al fin. Solos. Para disfrutar de la noche que se presumía eterna ante ellos, pero que ambos sabían que el tiempo efímero se les escaparía entre los dedos. Se miraban a los ojos, buscando uno en el otro sus secretos, sus alegrías y miedos. Se miraban leyéndose el alma mutuamente, descubriendo en sus interiores abismos enormes que daban ganas de saltar, descubriendo mil y un colores y luces brillantes que inundaban aquella habitación a oscuras que ni si quiera la Luna se atrevía a iluminar y entorpecer tan bello momento.

  Él se moría por leer braile sobre su piel; ella moría por dejarse hacer. Él se perdía en sus ojos; ella miraba con disumulo sus labios. Ambos querían jugar con el tiempo y hacer durasen para siempre esos instantes, grabando en sus mentes cada detalle imperceptible para otros pero que para ellos era el mayor de los tesoros. No podían ni querían dejar de mirarse, en el diálogo mudo de sus párpados al cerrarse y abrirse tras la cortina de pestañas que, sin éxito, intentaba ocultar esos secretos que sus bocas no pronunciaban pero sus almas gritaban en silencio.

 Al fin, uno habló, y en un susurro dijo:
                   - No quiero a nadie que no seas tú
Hubo un pequeño silencio, previo a la respuesta que no se atrevía a confirmar una certeza.
                   - Ya sabes como soy... - su voz se perdía en entre murmullos susurrantes
En la oscuridad, una sonrisa se dibujó al instante.
                   - Pues por eso mismo.





Dedico este pequeño relato a quién le guste, lo empecé pensando en mi S.S, pero conforme lo fui escribiendo recordé a unas criaturas a las que quiero y admiro, y sé que esto puede gustarles; sé que sabrán que es por y para ell@s.


domingo, 20 de marzo de 2011

Untittled.

Se preguntaba por qué no podía dejar de mirarla.

  La observaba de reojo, mientras hacía que estudiaba, cuando ella mordía la tapa de su boli bic pensativa justo antes de hacer sus anotaciones. Le hacía gracia la forma de ella, tan curiosa, de enfadarse consigo misma de repente, al darse cuenta de un fallo en sus apuntes. 

Ella...con sus grandes ojos almendrados 
y su boca de fresa.

  ¿Sabrá que la mira a escondidas? Lo dudaba. Ella vivía en su mundo multicolor, un mundo aparte en el que se excluía del resto de los mortales. Él deducía todo esto cuando la veía con la mirada perdida en algún rincón de aquella biblioteca; pero sabía que vivía con los pies en el suelo cuando en esa misma mirada se reflejaban determinación y fuerza, seguridad...
  Porque él sabía también que bajo la apariencia de niña dulce e inocente debía de esconderse alguien más poderoso, fuerte, seguro: alguien que no se deja pisotear por nada ni por nadie.

Las apariencias engañan, pero la mirada jamás miente.




Escrito el 14 de febrero a la 1.30 am.

p.d: entenderás esto cuando lo leas, lo escribí hace casi un mes pero mira las fechas...casi aproximadas, concuerdan. 
Tú, que sabes de lo que hablo lo entenderás... ( Intuición o premonición, eso ahora no importa ;) )

domingo, 6 de febrero de 2011

Pequeña Grandiosidad.

 













Se encontraba en un lugar desconocido, sin color, sin vida aparente...Catherine se dio la vuelta, asustada por aquella presencia.






     - Eres pequeña e insignificante - dijeron las Voces

Al oír aquello quedó paralizada, pero en su interior algo se rebeló.

     "No voy a dejar que me traten como si fuera poca cosa" pensó "No lo soy, ¡no lo soy!"

     - No podrás con nosotros, no puedes equipararte a nuestro poder - rezaban, con tono monocorde

     "Seréis poderosos, pero yo también soy fuerte...más de lo que podáis imaginar" gritaba en silencio la niña.

  Por fin, sus músculos la obedecieron y dio un paso adelante, volviéndose mediante un giro en el aire a la velocidad de un rayo, para colocarse en posición de defensa, tal y como había aprendido en sus clases de artes marciales. Pero allí no había nadie, ni nada. Sus ojos no le transmitían ningún tipo de información. Pero su sexto sentido, en cambio, le advertía de que no se encontraba sola...

     - Tienes miedo - observaron, divertidas, las Voces.

    - Claro que estoy asustada - gritó al aire Catherine - Porque no sé a lo que me enfrento. Estoy aquí dando la cara y solo oigo voces. ¿Dónde estáis? ¿Por qué no sois capaces de venir aquí y mirándome a los ojos decirme todo lo que me realmente pensáis? 

    - Ah... - un leve murmullo de sorpresa emanó de la nada - Con que eres valiente, pequeña. Pues escucha atentamente: tendrás que superar una serie de pruebas.

    - ¿Pruebas? - preguntó la niña con cierta estupefacción - ¿Qué clase de...pruebas?

    - Ah, pequeña, las pruebas de la Vida. Esas que colocaremos con intención de que tropieces y te cueste levantar.

    - ¿Y por qué me haréis eso? - dijo ella, apretando los puños por la impotencia de no ver la cara de sus dialogantes - ¿Qué os he hecho yo?

    - Existes. Simplemente existes, tal vez no deberías estar aqui,  pero estás escrita en las estrellas. Debes aprender lo que debe ser aprendido, saber cosas que aún no sabes. Y para ello debes enfrentarte a tu destino, que también está escrito... - las Voces se escuchaban lejanas.

   Catherine se dio cuenta de que poco a poco la presencia la abandoba, y en un intento desesperado de que la escuchasen dijo, pero esta vez tranquila y serena, lo siguiente:

    - Está bien, me enfrentaré a mi destino - miraba al frente, aun sin que viese nada - Me caeré y me levantaré, las veces que hagan falta, pero no abandonaré. No si es eso lo que queréis. Por nada ni nadie me detendré, seré quien quiero ser porque yo marco mi camino, lo eligo, lo trazo...Solamente yo puedo decir por donde caminar, aun teniendo que enfrentarme a ese destino escrito del que me habláis. Pero os advierto - su voz se endureció al pronunciar esas palabras, tanto que no parecía una chiquilla de 9 años - que yo misma me encargaré de re-escribir mi destino. Porque nada ni nadie impedirá que llegue lejos, ni siquiera algo que dicen estar escrito. Porque me encanta soñar, y no hay nada imposible: sólo lo es si piensas que lo es. No dejaré de creer en mi, en que puedo hacerlo.

   Dicho esto, todo comenzó a girar en una espiral multicolor y Catherine perdió el sentido.

   Abrió sus ojillos azules de golpe y se se dio cuenta de que estaba en su cama. Se incorporó, encendió la luz de su lamparilla con forma de estrella y se rascó la cabeza, pensativa.

    " ¿Qué ha sido todo esto? Un sueño sin sentido, ni pies ni cabeza tenía..."

    - Tiene el sentido que tú quieras darle.

   A Catherine se le pusieron los pelos de punta. Se pellizcó el brazo hasta que le dolió para así asegurarse de que estaba despierta y no soñando. Se juraba a sí misma que había escuchado a una Voz.

    - Sigue soñando, pequeña, no tienes nada que temer. Estoy aquí, cuidándote. Porque aunque las otras Voces te llamen pequeña e insignificante, yo sé que no lo eres.

   Catherine no se atrevió a interrumpir a la Voz.

    - Eres pequeña, sí. Pero irás creciendo. Y te convertirás en alguién especial, único en su especie, irremplazable. Sigue con tu tesón y esa fuerza que tu tienes, que aunque esté oculta, algún día saldrá a la luz. Y con esa fuerza iluminarás tu camino, lo verás todo claro y conseguirás todo lo que te propongas. Porque eres mi Pequeña Grandiosidad....

  A la niña se le aguaron los ojos, y las lágrimas comenzaron a surcar sus mejillas.

    - Te cuidaré, allá donde estés. No caminarás sola. No importa todas las voces que oigas, concéntrate en escuchar la mia. Te guiaré siempre, pequeña. No me olvides...

   La voz se fue apagando, y Catherine tardó en reaccionar unos segundos. Finalmente, apagó la luz y se acostó de nuevo, intentando no pensar en su sueño, y en lo que acababa de vivir. A la mañana siguiente se levantaría sin apenas recordar nada de la noche anterior, pero con la diferencia de que algo dentro de ella brillaba más, esa luz, esa fuerza de la cual la Voz le habló...



¿Cómo diferenciar lo que es real de lo que no? ¿Cómo saber si soñamos, o si realmente nuestras vivencias ocurrieron en algún momento en el tiempo? ¿Es producto de nuestra imaginación? No podremos saberlo. Porque hay cosas inexplicables. Porque Catherine tampoco lo sabrá, al menos, no por el momento. Quizá pasen años antes de que averigue de donde sale esta voz, a quien pertenece, que relación tiene con ella... Quizá  nunca sabrá que esa voz que le susurra al oido canciones infantiles soy yo, su hermana gemela, mayor por tan solo segundos, a la que nunca conoció porque para que ella naciese tuve que morir. Pero no me importa. Porque somos dos en una, una de dos. Porque ella se llevó consigo toda mi fuerza, la que le dí para que pudiera sobrevivir en este mundo hostil. Allá donde vaya, iré con ella. Siempre lo hago. Siempre la cuido. Porque no importa que nos separe una dimensión: tenemos los mismos ojos azules. Sé que ella me lleva dentro, aunque no lo sepa. Pero me basta con que pueda escucharme y sentir que no está sola cuando todo le supera. Ahora, he de irme. Tengo que susurrarle canciones en su oído (ella creerá que forman parte del sueño) para que duerma y haga eso que tanto le gusta: soñar. Sí, me cercioraré de que nunca mueran sus sueños. Es una manera de mantenerme viva.


jueves, 13 de enero de 2011

43.21


Iba sumida en sus pensamientos, mientras conducía por las transitadas calles de aquella ciudad, tan llena de luces y de vida. Vida...eso que sentía que se le escapaba por momentos. Ella siempre se sentía así cuando algo la superaba. 

Subió el volumen de la música y chilló. Gritó al cielo todo lo que llevaba dentro y deseaba sacar, sus más profundos deseos y sus convicciones. Las lábrimas brotaron como cascadas en sus ojos, inundando como una gran riada sin control sus mejillas. Ella seguia conduciendo. LLegó a un cruce y maldijo el no poder hacer el giro que deseaba, por lo que tuvo que dar un rodeo. 

Se acordó de ellos. De dos personas a las que extrañaba ver, con las que quería conversar tantas cosas... Sobre todo con una en concreto. Anhelaba su abrazo con toda su alma. Sus lágrimas no cesaban.

El coche de delante quiso girar, pero tuvo que detenerse para que pasasen otros coches. Ella frenó suavemente, y por costumbre miró por su retrovisor para cerciorarse de que el coche que viniera tras de ella frenaba también. Y lo vió. Me corrijo: La vió. Preciosa, grande y llamativa, con sus dos faros brillantes, sus luces tintineantes... 

Ella pensó que era un chiste, una burla de la vida, una maldita casualidad del destino. Pero tras quejarse al cielo por hacerle sufrir de ese modo, recapacitó. "Tal vez es una señal, un mensaje que alguien me envía, para que no abandone, para que no deje todo atrás...para que no lo olvide, para que siga convencida de ello..." Y al fin, aún entre lágrimas, sonrió. Y no dejaba de mirar por su retrovisor, no dejaba de mirarla, "Me sigue...me acompaña..." pensaba. 

Hubo un momento que sus caminos variaron. Ella vio por su retrovisor como ponía el intermitente y se entristeció. La abandonaba. Pero pronto comprendió que volverían a encontrarse, porque si se daba prisa y no se venía abajo coincidirían de nuevo. Y así fue. La vio en un stop. Y allí supo como se llamaba. 4321. Se repitió su nombre una y otra vez para no olvidar que fue esa y no otra la que le recordó lo que no debía abandonar por nada ni nadie. Ella sonrió. Y lloró. Y sonrió otra vez. "Es tan bonita..."

Al llegar a la rotonda, se despidieron, tomando rumbos diferentes. "No pasa nada" se decía Ella "Ha venido tan solo un momento para recordarme aquello que no debo olvidar". Y cuando se incorporó a la autopista, vio, no muy lejos, unas luces amarillas titineantes y sintió que había alguien muy lejos de allí que le había enviado todo aquello, alguien que la vela y la cuida siempre, alguien que habita en las estrellas y no deja de brillar por más que pasen los años...

Ella sintió una fuerza en su interior y comprendió lo que a veces se le olvidaba: que ha superado muchos obstáculos, que no hay nada imposible, que no hay nada que no pueda hacer porque ya ha sobrevivido a otras batallas y sabe muy bien que la guerra aún no ha acabado. 

No se rendirá, la conozco. Puede parecer débil, pero sé lo que guarda dentro de sí. Compartimos El Sueño. Somos dos en una, una de dos. Dos caras de una moneda, la débil y la fuerte, la que llora y ríe, la que afronta y abandona... La de siempre y la oculta, que hace poco que ha nacido y que avanza con fuerza para no dejar que nadie la hunda. 

Te prometo que saldremos a flote. ¡Qué carajo! Estamos nadando. A contra corriente, como siempre sí, pero no nos ahogamos. ¿Ves el puerto allá a lo lejos, el faro, las luces de las casas costeras? Vamos a llegar, cueste lo que cueste. Y cuando por fín toquemos tierra, cuando veamos que lo que nos rodea es realidad y no un sueño...entonces habrá terminado la incertidumbre, habrá vencido la determinación y la fortaleza, y por fin todo cobrará sentido. No abandones. Yo, a pesar de todo, aún no lo he hecho. 

A seguir soñando con estrellas fugaces amarillas, dicen... 
98


*Gracias 43.21. Gracias T.*

martes, 21 de diciembre de 2010

"She will be loved"

Escrito el 25.04.2010
Caminábamos tranquilas por la calle, y de repente la vi: allí estaba, con su sonrisa rota y sus ojos vacíos.
- Mírala - te dije - Algún día...será amada.
- Algún día... - suspiraste, y retirando tu mirada, seguiste caminando como si lo que acabábamos de contemplar tan sólo fuera un espejismo. Lo era.
Eras tú...y tu reflejo en aquel gran cristal del escaparate, que mostraba una realidad que muy pocos son capaces de pararse a contemplar, a entender...




miércoles, 8 de diciembre de 2010

El Sabio

Un sabio, cierta tarde, llegó a la ciudad de Akbar. La gente no dio mucha importancia a su presencia, y sus enseñanzas no consiguieron interesar a la población. Incluso después de algún tiempo llegó a ser motivo de risas y burlas de los habitantes de la ciudad.


Un día, mientras paseaba por la calle principal de Akbar, un grupo de hombres y mujeres empezó a insultarlo. En vez de fingir que los ignoraba, el sabio se acercó a ellos y los bendijo.

Uno de los hombres comentó:

- "¿Es posible que, además, sea usted sordo? ¡Gritamos cosas horribles y usted nos responde con bellas palabras!".

"Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene" 
-fue la respuesta del sabio-.

lunes, 6 de diciembre de 2010

La joven de la puerta.


 
   Por fin había llegado. Subió los tres escalones de la entrada de un salto, con un grácil movimiento, sin perder el equilibrio que tanto la caracterizaba. Se detuvo un momento ante la puerta, dubitativa. Por un momento pensó en darse media vuelta y volver por donde había venido. Pero no, estaba allí por un claro motivo. Y no pensaba marcharse sin decir aquello que guardaba dentro de sí.

   Se armó de valor, alzó la mano y con suavidad, llamó a la puerta. No obtuvo respuesta, pero esperó. Volvió a llamar, y esta vez escuchó unos pasos rápidos, pero torpes, que se acercaban. La mirilla giró sobre sí misma, y unos ojuelos vivos aparecieron tras ella, asomados en unas gafas de pasta negras.  

   A Roxanne no le gustó para nada esa mirada, había algo que no le cuadraba. Esos ojos vivarachos parecían una extraña aleación de alegría y maldad; eran unos ojos suspicaces. Eran unos ojos falsos. 

   La puerta se abrió lentamente, y tras ella apareció una joven. Roxanne no la había visto nunca, pero hizo un rápido cálculo y le ajustó más o menos su edad, año arriba, año abajo. Volvió a fijar su atención en los ojos de la muchacha, que parecían intentar mostrar lo totalmente opuesto a lo que en realidad dejaban ver. 

-          - Tú, ¿qué quieres? ¿qué haces aquí?

   Roxanne quedó un momento paralizada. Sabía que ella la había reconocido, a pesar de no haberse visto cara a cara nunca. En ese momento, Roxanne quiso gritarle mil y una cosas, pero no iba a rebajarse a un nivel tan bajo como ese. Se limitó a mirarla, largamente, intentando transmitir con sus propios ojos el desprecio que sentía. A veces las palabras sobran, y un simple gesto, un simple mirar, puede decir mucho más que un testamento. Por algo será que dicen que quién no entienda una mirada nunca entenderá una explicación: el lenguaje de los ojos queda reservado para los pocos que se molestan en intentar descifrarlo. Y quien entienda una mirada, entenderá no solo a las palabras, sino también el complejo lenguaje del alma.

-          - He venido para decirte que no te tengo miedo – dijo finalmente Roxanne. Observó la reacción de la otra chica, en cuya cara se dibujó claramente una expresión de sorpresa. – Me eres indiferente, y si pretendías asustarme o hacerme sentir mal, quiero que veas que no has sido capaz de conseguirlo. 

   La cara de la joven de la puerta era todo un poema. Roxanne disfrutaba mucho con aquello, aún sabiendo que no necesitaba tal acto, quiso reafirmarse a sí misma, y de paso demostrar que ella no era un bicho insignificante al cual pueden dedicarse a pisar; no, Roxanne era mucho más. Jamás se creyó valiente ni segura de sí misma, pero en ciertas ocasiones supo demostrar su capacidad de luchar, de defenderse, de no dejarse atacar. Y, justo en ese momento, sentía que debía seguir adelante, cosa que implicaba que fuera a buscar a una completa desconocida a su casa, llamar a la puerta y decirle todo lo que guardaba para ella.

-          - Quiero que me escuches atentamente – La joven de la puerta seguía sin decir nada, muda, de piedra, como una estatua – Ten claro una cosa: no me conoces, por lo que no sabes de lo que soy capaz. Te dignas a juzgarme sin saber nada de mí. Por eso jamás pensaste que tendría el valor y la madurez suficiente como para presentarme en la puerta de tu casa y decirte todo esto. No vengo con intención de pelea, no quiero discutir, no quiero problemas. Sólo quiero dejar clara una cosa: tú no eres nadie para venir a reclamarme nada. No puedo defenderme de ti acusándote de invenciones, bueno, por poder podría, pero no haré lo mismo que tú. Precisamente, por no conocerte, no voy a abrir mi boca y decir cosas sobre ti como tú hiciste conmigo. Vengo a advertirte que en un futuro deberías ser más respetuosa con los demás, en especial, con aquellos a los que no conoces de nada.

-          - ¿Respetuosa? ¿Y tú qué? Vienes hasta aquí, a mi casa, presentándote de repente, para venir a decirme una sarta de idioteces que no me interesan. Yo digo lo que me da la gana cuando me da la gana, y si lo dije de ti, por algo será, ¿no?

   Roxanne rió para sí con ganas. La joven estaba alterada y habló con rapidez, tropezándose con sus propias palabras, gesticulando. En su mirada asomaba la rabia, cosa que no le pasó desapercibida. 

-          - Yo respeto a quien merece respeto. Tú, visto lo que he visto, no mereces ni que se te mire, ni que se te hable. Y es lo que haré a partir de ahora. Ignorarte como si no existieras. Simplemente vine a prevenirte. Espero que hagas lo mismo conmigo, y con la gente que me importa. Deja de atacarnos, porque no respondo. Es mi último aviso.

   La joven de la puerta comenzó a decirle a Roxanne mil y una cosas, todas de golpe, sin orden, caóticas, sin sentido, en un lenguaje mal estructurado y de pocos recursos. Ella la miró, le sonrió sardónicamente y se dio media vuelta, dejando a la otra con las palabras al aire, hablando sola, como los locos. 

   Roxanne escuchó amenazas y gritos tras ella, pero no les puso atención. Sonreía, mientras caminaba con paso seguro y firme, alejándose de esa casa que poco, o mejor dicho, nada le gustaba. Dejó atrás a la joven de la puerta, con su mirada maliciosa bajo los cristales de unas gafas tan negras como su alma.