Se encontraba en un lugar desconocido, sin color, sin vida aparente...Catherine se dio la vuelta, asustada por aquella presencia.
- Eres pequeña e insignificante - dijeron las Voces
Al oír aquello quedó paralizada, pero en su interior algo se rebeló.
"No voy a dejar que me traten como si fuera poca cosa" pensó "No lo soy, ¡no lo soy!"
- No podrás con nosotros, no puedes equipararte a nuestro poder - rezaban, con tono monocorde
"Seréis poderosos, pero yo también soy fuerte...más de lo que podáis imaginar" gritaba en silencio la niña.
Por fin, sus músculos la obedecieron y dio un paso adelante, volviéndose mediante un giro en el aire a la velocidad de un rayo, para colocarse en posición de defensa, tal y como había aprendido en sus clases de artes marciales. Pero allí no había nadie, ni nada. Sus ojos no le transmitían ningún tipo de información. Pero su sexto sentido, en cambio, le advertía de que no se encontraba sola...
- Tienes miedo - observaron, divertidas, las Voces.
- Claro que estoy asustada - gritó al aire Catherine - Porque no sé a lo que me enfrento. Estoy aquí dando la cara y solo oigo voces. ¿Dónde estáis? ¿Por qué no sois capaces de venir aquí y mirándome a los ojos decirme todo lo que me realmente pensáis?
- Ah... - un leve murmullo de sorpresa emanó de la nada - Con que eres valiente, pequeña. Pues escucha atentamente: tendrás que superar una serie de pruebas.
- ¿Pruebas? - preguntó la niña con cierta estupefacción - ¿Qué clase de...pruebas?
- Ah, pequeña, las pruebas de la Vida. Esas que colocaremos con intención de que tropieces y te cueste levantar.
- ¿Y por qué me haréis eso? - dijo ella, apretando los puños por la impotencia de no ver la cara de sus dialogantes - ¿Qué os he hecho yo?
- Existes. Simplemente existes, tal vez no deberías estar aqui, pero estás escrita en las estrellas. Debes aprender lo que debe ser aprendido, saber cosas que aún no sabes. Y para ello debes enfrentarte a tu destino, que también está escrito... - las Voces se escuchaban lejanas.
Catherine se dio cuenta de que poco a poco la presencia la abandoba, y en un intento desesperado de que la escuchasen dijo, pero esta vez tranquila y serena, lo siguiente:
- Está bien, me enfrentaré a mi destino - miraba al frente, aun sin que viese nada - Me caeré y me levantaré, las veces que hagan falta, pero no abandonaré. No si es eso lo que queréis. Por nada ni nadie me detendré, seré quien quiero ser porque yo marco mi camino, lo eligo, lo trazo...Solamente yo puedo decir por donde caminar, aun teniendo que enfrentarme a ese destino escrito del que me habláis. Pero os advierto - su voz se endureció al pronunciar esas palabras, tanto que no parecía una chiquilla de 9 años - que yo misma me encargaré de re-escribir mi destino. Porque nada ni nadie impedirá que llegue lejos, ni siquiera algo que dicen estar escrito. Porque me encanta soñar, y no hay nada imposible: sólo lo es si piensas que lo es. No dejaré de creer en mi, en que puedo hacerlo.
Dicho esto, todo comenzó a girar en una espiral multicolor y Catherine perdió el sentido.
Abrió sus ojillos azules de golpe y se se dio cuenta de que estaba en su cama. Se incorporó, encendió la luz de su lamparilla con forma de estrella y se rascó la cabeza, pensativa.
" ¿Qué ha sido todo esto? Un sueño sin sentido, ni pies ni cabeza tenía..."
- Tiene el sentido que tú quieras darle.
A Catherine se le pusieron los pelos de punta. Se pellizcó el brazo hasta que le dolió para así asegurarse de que estaba despierta y no soñando. Se juraba a sí misma que había escuchado a una Voz.
- Sigue soñando, pequeña, no tienes nada que temer. Estoy aquí, cuidándote. Porque aunque las otras Voces te llamen pequeña e insignificante, yo sé que no lo eres.
Catherine no se atrevió a interrumpir a la Voz.
- Eres pequeña, sí. Pero irás creciendo. Y te convertirás en alguién especial, único en su especie, irremplazable. Sigue con tu tesón y esa fuerza que tu tienes, que aunque esté oculta, algún día saldrá a la luz. Y con esa fuerza iluminarás tu camino, lo verás todo claro y conseguirás todo lo que te propongas. Porque eres mi Pequeña Grandiosidad....
A la niña se le aguaron los ojos, y las lágrimas comenzaron a surcar sus mejillas.
- Te cuidaré, allá donde estés. No caminarás sola. No importa todas las voces que oigas, concéntrate en escuchar la mia. Te guiaré siempre, pequeña. No me olvides...
La voz se fue apagando, y Catherine tardó en reaccionar unos segundos. Finalmente, apagó la luz y se acostó de nuevo, intentando no pensar en su sueño, y en lo que acababa de vivir. A la mañana siguiente se levantaría sin apenas recordar nada de la noche anterior, pero con la diferencia de que algo dentro de ella brillaba más, esa luz, esa fuerza de la cual la Voz le habló...
¿Cómo diferenciar lo que es real de lo que no? ¿Cómo saber si soñamos, o si realmente nuestras vivencias ocurrieron en algún momento en el tiempo? ¿Es producto de nuestra imaginación? No podremos saberlo. Porque hay cosas inexplicables. Porque Catherine tampoco lo sabrá, al menos, no por el momento. Quizá pasen años antes de que averigue de donde sale esta voz, a quien pertenece, que relación tiene con ella... Quizá nunca sabrá que esa voz que le susurra al oido canciones infantiles soy yo, su hermana gemela, mayor por tan solo segundos, a la que nunca conoció porque para que ella naciese tuve que morir. Pero no me importa. Porque somos dos en una, una de dos. Porque ella se llevó consigo toda mi fuerza, la que le dí para que pudiera sobrevivir en este mundo hostil. Allá donde vaya, iré con ella. Siempre lo hago. Siempre la cuido. Porque no importa que nos separe una dimensión: tenemos los mismos ojos azules. Sé que ella me lleva dentro, aunque no lo sepa. Pero me basta con que pueda escucharme y sentir que no está sola cuando todo le supera. Ahora, he de irme. Tengo que susurrarle canciones en su oído (ella creerá que forman parte del sueño) para que duerma y haga eso que tanto le gusta: soñar. Sí, me cercioraré de que nunca mueran sus sueños. Es una manera de mantenerme viva.


Y esto, pequeña Lunn? Me ha encantado, y me ha dejado sin palabras...
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