¿Y a ella quién la va a querer?
Con sus mil historias y sus mil y un demonios. Con sus mil dos días malos y sus mil tres noches peores.
¿A ella quién la va a querer?
¿Quién va a ser capaz de sostener todo ese peso cuando ni ella misma puede con él?
¿Quién va a querer quedarse cuando las sombras amenacen con engullirla, cuando la luz escasee y ella apenas recuerde cómo encontrarla?
¿Quién va a querer estar cuando no tenga nada bonito que ofrecer, cuando no pueda ser refugio, cuando no pueda ser calma, cuando bastante tenga con sobrevivirse a sí misma?
¿Quién va a quererla entonces?
Porque quererla cuando ríe quizá sea fácil. Cuando vuelve a ser fuego. O cuando tiene fuerzas para levantarse, para cuidar, para sostener, para comerse el mundo.
Pero ella no pregunta por esos días. Ella pregunta por los otros.
Por aquellos en los que se rompe, en los que se encierra. Esos días en los que todo pesa demasiado; en los que sus demonios hablan tan alto que apenas consigue escucharse a sí misma.
Pregunta quién podría mirar todo aquello y no salir corriendo. Quién podría quedarse a su lado incluso en esos momentos en los que, por mucha gente que haya alrededor, ella sigue habitando ese lugar tan suyo y tan profundo en el que se siente terriblemente sola.
Quién podría conocer sus mil historias, descubrir sus mil y un demonios, atravesar alguna de sus mil tres noches malas y seguir pensando: a ella. A ella quiero.
Seguramente exista alguien capaz. Quizá incluso haya quien no vea en ella ese peso insoportable que ella cree ser; alguien que no pretenda cargar con sus demonios ni salvarla de ellos, pero sí sentarse a su lado cuando aparezcan. Alguien que no necesite que haya luz para quedarse, porque sepa permanecer también mientras amanece…
Pero ahora mismo ella está demasiado hundida para verlo. Y, desde ahí abajo, la luz parece una promesa hecha para otros, no para ella.
Por eso no cree que nadie pueda quererla así; no porque sea imposible quererla, si no porque, cuando llevas demasiado tiempo intentando sobrevivir a tus propias sombras, resulta terriblemente difícil imaginar que alguien pueda mirarte dentro de ellas… y aun así elegir quedarse.
Porque, en realidad, ella no pregunta quién podría quererla;
en realidad…
Ella pregunta quién podría quererla también en los días en que no sabe cómo quererse.

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