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viernes, 22 de mayo de 2020

Volver


Volver.
Qué bonita palabra, ahora que lo pienso.

Llevo mucho tiempo con ganas de retomar el blog. Como hace algunos años, que escribía a cualquier hora de la madrugada. Ahora es que no aguanto despierta: a las 11-12 estoy ya KO. ¿Los años? Seguramente.

Siempre he pensado que escribir es una terapia. Sin realmente pensarlo mucho, a loa 6 años escribí mi primer poema. Algún día lo compartiré por aquí.
Sobre los 8 años, empecé mi primer diario. Cuántos más escribiría, contando mis aventuras en clase y mis penas de amores. Era (y creo que aún lo soy) muy romanticona. Aunque las experiencias a lo largo de la vida me hicieron menos ñoña. Me costó muchas caídas, muchos resquebrajos de cristal, muchas lágrimas y muchas horas aprender. Heme aquí. En el que defino como "mi año" (que no sé tu, pero en mis planes no entraba una pandemia) y en el que quiero hacer mil y una cosas. Y la primera es mostrarme al mundo como verdaderamente siento que soy.

Estudié enfermería. Es mi vocación. Lo redescubro cada día que voy al trabajo, y me sorprendo a mi misma hablándole dulcemente a un paciente. Explicando dudas en un lenguaje sencillo. "Jale por el resuello" es una de mis frases top. Y vaya que si me entienden. Inspire, señora (traducción al castellano correcto, porque el canario del norte dudo que muchos lo entiendan)

Adoro la danza. Quien me conoce bien sabe que me pierdo entre las notas de música de una melodía, interpretándola y viviéndola hasta el final. Me queda la espina clavada de algo más de ella; aunque quizá debería atreverme... todo es intentarlo. Creer para crear.

La música. El violín. Mi otro gran amor.  Midori me acompaña desde, más o menos, los 12 años. Y le he dejado algo abandonado por la enfermería. Este año me he propuesto hacerle sonar de nuevo. Intuyo que pueden salir cosas hermosas de los dos, al volvernos a juntar.

Dibujar. De niña pasaba horas y horas entretenida, dibujando casas, bosques, animalitos... Y tan feliz. ¿Dónde estará mi carpeta de dibujos? Quien sabe. Es un misterio que aún no he logrado resolver.

Escribir. Aprendí a leer con 4 años y a escribir con 5. Con 6, como dije un poco más atrás, recuerdo escribir una poesía. Se me rompió la punta del lápiz, la tiré por la ventana...y surgió la rima. Curioso, ahora que lo pienso, siendo tan pequeña y no saber de poemas. Ay, puntita de lápiz...
Desde aquel día, comencé a escribir. He tenido temporadas de enganche máximo, y temporadas de olvidarlo por completo. El verano pasado, no me quedó más remedio que retomar los diarios (terapéuticos) sin elegirlo yo. Pero gracias a ello, se encendió en mi la chispa de volver a juntar letras. Me quede bonito o no, es un buen comienzo. Así que aquí estoy.

Viernes 22 de mayo. Las 18.30h. Too Brodie sonando de fondo. Balto jugando. Los gatos, durmiendo.
Y yo...siendo.

lunes, 16 de marzo de 2015

El sabor de las cosas.


¿Cuál es el sabor de un primer beso en medio del gentío? 
Beso en ese momento en el que todos bailan intentando ocultar su esencia.


¿A qué sabe el café que prepara tu cafetera?
Café cualquier mañana de febrero, aleatoria.


¿Cómo sabe tu piel después de recorrerla con mis labios?
Tan suave, tan rica, tan apetecible 
desde el momento
en el que dejo de transitarla.


ilustración de Sara Herranz.



Resuélveme.
Como si de un problema matemático me tratase.
Ojo, que hay muchas incógnitas por despejar.
Si no te importa, si tienes tiempo...
Si te gustan los retos.
Averíguame. 

Y si no...siempre puedo
buscarte solución
yo a ti.


Tal vez, te pueda descifrar
besando cada lunar con el que me encuentre
mientras recorra centímetro a centímetro tu geografía.

lunes, 18 de febrero de 2013

Lágrimas.

   Guardaba el secreto de aquel puñal clavado hondamente en su pecho, sin decir nada callaba a cada día que pasaba...sabiendo que era la mayor tontería del mundo, pero a la vez con esa contradicción que le hacía sentir que no lo era; porque si tan mal la hacía sentir realmente sí que le importaba. 
Ella sabía que "eso" existía, desde el primer momento. Incluso llegó a sonreír al verlo, pero...las cosas cambian con el tiempo. Y Ella no es inmune al paso de los días, pues a más que iba sumando, más iba sintiendo, más Le iba importando. 
De repente, una noche, sin saber muy bien por qué llegó de nuevo a "eso". Sintió como si algo se le clavase en el alma, pues la mezcla de recuerdos y sentimientos la confundió. No pudo evitar acordarse de aquella noche en la que le confesaron aquello que la desarmó. Curiosamente, fue en diciembre, al igual que cuando Ella dio con "eso" de nuevo... 
Lo ocultó, lo guardó en lo más profundo de sí misma y se obligó a olvidarlo, a fingir que no le importaba. Pero no hay nada que cueste más y que duela tanto como el autoengaño, le resultaba difícil.
Casi dos meses después volvió al escenario del crimen, y vio que a pesar de todo, seguían allí los restos. Nadie se había molestado ni si quiera en ocultarlos. Aún con todo no culpó al forense encargado del levantamiento del cadáver, pues sabía que apenas tenía tiempo para pasar por allí. 
Volvió a callarse, a aguantar la descomposición que aquello le producía. 

Aunque hubo una noche que no pudo más.

Escuchó una canción. Hizo una pregunta. La respuesta le hizo daño. No pudo aguantar, a pesar de sus esfuerzos. Las lágrimas brotaron de sus ojos, surcando sus mejillas como cascadas. Fueron tras ella, y le dijeron que sonriese. Y eso hizo. Incluso ignoró un poco al mundo durante un rato... De vuelta a casa no pudo más, y se derrumbó. Y lo dijo, se lo dijo. Y a día de hoy sigue pensando que Él no le da la importancia que realmente supone para ella. 

Ella me cuenta que no quiere que olvide, que elimine. Simplemente, que oculte... 
"¿Y si fuese al revés, no le dolería?"
Pues probablemente. Esas cosas no suelen gustar. Hacen daño; el pasado puede doler, ya lo dijo Rafiki. Y ese pasado, aun no siendo el de Ella, le duele. Le ha machacado. Por diversas razones ha sido así, aunque parezca la mayor tontería. Si no le afectase, no lo diría. No hubiese explotado. 




Para tí: no lo olvides. No te olvides de que "eso" sigue ahí. No volverá a decírtelo, pero tampoco quiere seguir llorando cada vez que lo recuerda, porque siente que a ti te da igual. Aunque no sea así, esa sensación da. Sé que no estás muy pendiente, pero intenta buscar un momento... Y creo que no debería estar diciéndote esto pero...ponte en su lugar, te dolería o al menos te molestaría si fuese al revés. Creo que es algo que no se debe dejar pasar... Por favor, no más lágrimas.

sábado, 11 de agosto de 2012

"Todo pasa por algo"


   No es media noche, pero Lunn se sienta ante la pantalla a escribir. Quiere reflejar muchas cosas, pero sabe que hoy no es el día, aunque siente que debe dejar algo escrito. Quiere contar una historia, quiere plasmar sentimientos. Pero hay veces que ciertas cosas no pueden escribirse, y si la musa falta… Ella sabe que cuando regrese a su hogar verá todo desde otra perspectiva, y podrá redactar las líneas que tanto desea. Por lo pronto, enciende su reproductor de música y se dispone a dejar que al ritmo de la música las palabras fluyan desde su mente al teclado del ordenador…

   Esta madrugada, a las cinco y media de la mañana, abrí mis ojos. La luz inundaba la habitación, pero sabía que aún me quedaban horas de sueño. Mi estómago se removía con cierto nerviosismo, no en vano esperaba tener suerte. De un salto, bajé de la cama y me dispuse a ir a desayunar: un poco de té con tostadas, sin el baicon típico del lugar. Tras ello, una buena ducha para despejar la mente y hacer tiempo hasta ese momento en el que me llegase el sí, o el no. Y llegó el no. “Bueno” pensé  “si esta vez no ha sido será por algo”. Me relajé un poco al saber que no tenía prisa por llegar a ese lugar en el que la música sonaría y ellas, diosas de la danza, ejecutarían sus bailes. Me quedaba cierta pena por dentro, por estar tan cerca y a la vez tan lejos, pero otra parte de mi me decía “Estás aquí, jamás lo hubieses imaginado, tu sueño de volver se ha cumplido, estás aquí y has aprendido a sobrevivir sola, has conocido gente maravillosa, te has movido por las calles de esta ciudad como si fuese la tuya propia, has confirmado que podrías vivir aquí aunque también te has dado cuenta de cuánto amas a tu tierra, has echado inmensamente de menos al Mar, y contra todo pronóstico también a una mirada;  echas de menos los juegos y riñas con tu hermano, a tu madre y sus abrazos, a la pequeña que cada mañana te alegra el despertar con un “beso”; extrañas enormemente saber que ese gigante te observa desde sus tres mil setecientos dieciocho metros, echas de menos tu paraíso… Pero oye, que no todo es echar de menos: estás viviendo una experiencia gratificante, conociendo mundo y, mejor aún, conociéndote a ti misma. Sabías que eras capaz de dar pero no sabías que podías dar más, pensabas que llegaste a tu límite aquel día en el que luchaste por tu Sueño, pero hay más sueños por los que luchar”.  Sonrío, porque siento que es así, que con suerte tengo una vida por delante y podré hacer, de un modo u otro, todo lo que me proponga. El secreto está en no desistir en la lucha por lo que uno realmente desea; sé que es posible lograrlo. Tal vez tardemos dos años de más y el camino tome curvas sinuosas que nos hagan replantearnos seguir pero…como dije antes el secreto está en no abandonar, no desistir si realmente creemos que para nosotros vale la pena. A veces las cosas no suceden como queremos, ocurre diferente a como imaginamos... pero a pesar de como sea, si tienes un sueño, lúchalo. Mi Sueño, aquel del que hablaba al crear este pequeño rincón nocturno, da sus primeros pasos. Este sueño, el que vivo ahora, de estar aquí, en esta inmensa isla, con esta ciudad que adoro…pronto terminará, pero sé que tendrá segunda parte. Y un sueño que ronda mi mente, el verlas danzar…sé que tarde o temprano se cumplirá. Hoy no será posible, pero no desistiré. Lunn no abandona; todo sucede por algo, quizá esta historia cambie su rumbo por algún motivo oculto del que ahora no soy consciente.

domingo, 13 de mayo de 2012

“La tecla”


   Caminaban bajo la luz de aquel atardecer, en el que el sol jugaba a esconderse entre las nubes del horizonres, y  llegaba un brisa suave que traía consigo el olor a sal…
☆

- Algún día – dijo la joven de ojos color mar – llegará alguien que dé con la tecla.

- Eso te lo dejo para ti, que eres muy piano – respondió la de los ojos color canela.

- Bueno…siempre puede llegar alguien que sepa tocar las cuerdas… - dijo la primera, enarcando una ceja y luciendo una media sonrisa-risa.

- Sí, pero como bien sabes ese instrumento es de los más difíciles de tocar, es muy difícil que suene afinado – contestó muy seria la segunda - Pueden intentar tocarlo, incluso hacer que suene…pero si no saben cómo hacer que afine…es igual que nada.

☆

   Canela estaba perdida. Como nunca antes. Mar se lo dijo. Y también que por su afán de encontrarse más y más se perdía. O eso creyó entender Canela.      …


ஐ


   Canela se sienta en la ventana. Mira hacia fuera, las luces, la vida. Por un momento, cuando estaba con Mar, deseó algo que hacía tiempo que no deseaba, algo que deseó una vez cuando era muy, muy pequeña: que la vida se detuviese, y que solo ella siguiese en movimiento. Imaginó en aquel instante que, por un momento, los coches se detenían en medio de la calzada, las personas que por allí paseaban se quedaban heladas como si fuesen estatuas, la espuma blanca del oleaje quedaba suspendida en el aire tras estrellar contra las rocas… Por un instante, deseó que el mundo se detuviese, para echarse a dormir, sin que importase nada más. Como dijo Mafalda, “Paren el mundo, que me quiero bajar”, piensa mientras cierra los ojos y escucha el murmullo de la noche, en este mismo instante en el que escribo estas palabras.






Ay, Canela…hacía mucho que no te llamaba(n) así.
Ay, Canela…a veces tan dulce, a veces tan amarga…








p.d: parece que te lo hacen adrede, Canela. 
Para tí, escucha la letra....

domingo, 4 de marzo de 2012

Se dio la vuelta, me miró a los ojos y lo dijo todo.

   Entró en aquel local como si fuese un huracán. Lo noté por la brisa, que me trajo su aroma afrutado, con un toque de rebeldía no estipulada, lo cual hizo que me volviese en busca del rastro de aquel olor. Entonces la ví: cruzaba las piernas como si de una modelo de alto standing se tratase. Su pelo negro azabache se ondulaba con cada movimiento, con cada paso marcado con un golpe de cadera que hacía que más de uno perdiésemos el sentido allí, al contemplar a esa diosa descendida de los cielos hasta aquel antro terrenal. Sus ojos se mantenían fijos en algún punto de ninguna parte, quizá en las botellas de vodka que descansaban tras la barra en la estantería. Su boca color cereza dibujaba una pícara sonrisa, esbozo de suficiencia, de que ella era la dueña. Su elegancia la colocaba en una posición inalcanzable para muchos de lo que allí estábamos suspirando por el olor de su pelo, por el calor de su piel...por un baile prohibido junto a su cuerpo.

   No podía dejar de mirarla. Se había acercado a la barra y le escuché, a pesar del volumen de la música, pedir un vodka con limón bien cargado. No tardó ni dos segundos en bajar el contenido del vaso, y se lanzó con su andar altivo a bailar en la pista un tema muy acorde a lo que sucedía: Me deja pensando, de Tony Dize. No podía dejar de observarla, cada movimiento me enloquecía por momentos.  Bailaba en medio de la pista, con los ojos cerrados y sonriendo. Parecía que nada ni nadie le importase, como si estuviese sola en medio de aquel gentío. Giraba sobre sí misma, con movimientos de su cintura que cada vez me ponían más y más enfermo. Me dio la espalda. Yo ya no sabía hacia donde mirar: era inevitable no hacerle un escáner completo de su anatomía. Sin esperarlo, volvió a girarse, abrió sus grandes ojos castaños con brillos de purpurina dorada y encontró los míos acariciándola en cada pestañeo. Fue entonces fue cuando apuré lo poco que me quedaba en mi vaso de wisky con agua, y decidí probar suerte: me lancé al vacío junto a ese ángel, para sentir que puedo volar por las nubes, para sentir que sí existe un cielo.

   Contra todo pronóstico, ella continuó bailando sin importarle que me acercase a ella e intentase seguir su ritmo. Giraba de nuevo, con los ojos cerrados, perdida en su mundo infinito. Y yo sin saber como acercarme a ella, como alcanzarla. Pero no me rendí. Me pegué a ella, sólo lo justo. Me correspondió con un sutil gesto, el tocarse el pelo y al dejar caer la mano rozar mi brazo. Decidí hacer como ella y olvidar al resto, con lo que cerré mis ojos y me dejé llevar. Fundirme con su danza. Sentía los bajos de la música como los tambores ancestrales que una vez marcaron el ritmo de la tribu de los inicios de la vida. Sentía el calor, como el del fuego de una hoguera en la que se baila alrededor. Sentía la brisa, esa proveniente de su risa, del movimiento de su pelo al moverse rodeándome. Deseaba fundirme con ella en aquel baile sin precedentes.

  Abrí los ojos de repente al sentir su respiración muy cerca de la mía, pero ella me daba la espalda. Y de repente se dio la vuelta, me miró a los ojos y lo dijo todo. No tuve dudas de que quería algo, aunque sin saber que tramaba sabía que podía perderme en su mirada y quedar atrapado durante mucho tiempo. Me sonrió. El acto involuntario de morderme el labio inferior me delató, junto con una mirada desde sus ojos hasta sus largas piernas. Escuché su risa. La miré una milésima de segundo y me pregunté qué tiene de diferente, por qué puede ser tan sensual sin rozar lo ordinario, por qué puede hacerme tambalear el suelo, por qué me deja pensando... Sé que me está provocando cuando me mira de ese modo, cuando a su movimiento de cadera acompaña una sonrisa y una mirada fija que ruega pero ordena. Me debato entre si seguirla a donde vaya o dejar que todo termine cuando acabe la canción que suena. Y noto la contradicción: el no querer depender de ella, el querer ser su esclavo.

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   Vuelve a tocarse el pelo, mientras mueve la cintura de una forma indescriptible. Y sus ojos se me clavan en los míos. Comienza a buscarme en esa danza que nos marcamos juntos. Se acerca a mi, sin rozarme, pero lo justo para desestabilizarme aún más. Apoya sus manos en mis hombros, la cojo por la cintura y hacia mí la atraigo. Frente a frente, su nariz roza la mía, y siento como sus ojos bucean en mi alma en busca de algo que no consigo determinar. Si pudiese leer mi mente sabría que me he rendido a ese momento, a ella y su baile demencial que me hace perder la cordura de una manera bestial. Siento que me hallo en un sueño, como si de dirty dancing se tratase: conectamos a cada segundo que pasamos bailando. Ella me busca con sus ojos, yo le correspondo con mis manos. Agarro suavemente su cintura, pero no la suelto. Muevo su cadera al compás de la mía, regida por la música. Me atrevo a cogerle su mano y hacerla girar. Ella ríe. La sujeto de nuevo y me recuesto sobre ella, echando su espalda para atrás. Ella cierra los ojos, sigue riendo. Cuando la incorporo su nariz se encuentra rozando la mia, sus ojos se abren y me mira. Se detiene el tiempo, y no hay ni gente, ni música alrededor. Sólo estamos nosotros dos. Nuestras respiraciones son agitadas tras intensos momentos de baile. Siento como si hubiese corrido una maratón. Ella se sujeta a mi cuello y apoya su cabeza contra mi pecho. La abrazo y suspiro. La canción ha terminado y la siguiente que suena se me antoja sin sentido, porque ya no compartimos movimientos.

  Ella alza la cabeza y busca mi mirada, que se halla perdida entre las botellas de vodka de aquella estantería tras la barra. Me acaricia el cuello, me besa el mentón. Entonces reacciono. Busco en sus ojos una respuesta a su acción, pero baja la mirada. La cojo de la mano y la arrastro fuera de la pista. Ella se deja llevar...

  Fuera de aquella multitud, en un rincón en el que la música queda algo aplacada, iniciamos un diálogo mudo. No pronunciamos ni una sola palabra. Ella me mira los ojos, recorre el contorno de mi cara acariciándome con su mirada. Se detiene en mi boca. Se humedece los labios. Yo me bloqueo y no soy capaz de reaccionar. Da un paso hacia mi, yo otro hacia ella. Me mira largamente, y deposita su dedo índice sobre mi boca. Acaricia suavemente las líneas de mis labios. Me provoca morderla, por atrevida. Y eso hago. Ante la acción queda algo sorprendida, abriendo aún más si cabe esos ojos tan grandes. Y ríe. Cómo me gusta ver esa sonrisa, escuchar esa risa. Hasta sus ojos acompañan el gesto: brillan.

 Suena Satellite, de Jorge Montero y Santana. Me agarra el cuello de la camisa al son de las trompetas, y me envuelve en su aroma, lo cual me atonta de nuevo. Definitivamente, estoy perdido. Bailamos por última vez, yo buscando su aire que me devolviese algo de cordura, ella buscando mi boca para beber de ella. La mezcla de danzas pone de manifiesto que esta mujer sabe acerca de ello. Y yo, pobre iluso, sólo me dejo llevar por la música. Y por ella, que es la musa. Me deleito por última vez, mientras Santana puntea con su guitarra eléctrica, en su danzar salsero, sus giros, sus meneos. Y pienso que es extraño que por una noche un ángel decida bajar a la tierra para hacerme sentir como en el cielo. De acuerdo con Jorge Montero deseo entrar en su piel, y confundirme con cada lunar que la adorna. Quiero perderme en cada rincón de su fisonomía, permanecer en sus sueños cada noche y navegar en sus cielos cuando ella mire hacia ellos, cuando busque estrellas.

   Sé que es impenetrable, que a pesar de compartir un par de canciones, en su corazón es muy difícil entrar y guiarla hacia otros mundos. Porque ella es una chica independiente: lo hace notar con su proyección de sí misma. Es dueña de sus acciones, de sus silencios, de sus movimientos. Dueña de su mundo, y de lo que decide hacer.

   Termina finalmente la canción y ahora sí que sé que ha llegado el final. Cambian el registro de la música que suena, y si antes forzaba a la provocación y al baile desenfrenado ahora incitaba a un vals lento, un baile de enamorados. La pista de baile se vacía, siendo el momento perfecto para ir a reponerse con una copa, y para las parejas disfrutar de un momento para ellas. Ella me sujetó las manos, y bajo la luz parpadeante de los focos, comenzó a girar. Colocó sus manos alrededor de mi cuello. Volví a sujetar su cintura, controlándome por no atraerla hacia mi y besarla. No debía hacerlo. La miré larga y profundamente. Y me besó con la mirada. Sus ojos contaban mil y una historias acerca de sus deseos y miedos. Comprendí que tras esa apariencia de mujer indomable se escondía la niña más dulce que había pisado la faz de la tierra. Me pidió silenciosamente que no contase nada, que guardase esa información para mí. Con un abrir y cerrar de pestañas asentí. Seguíamos sin dejar de balancearnos, vaivén marcado por Christina Aguilera y El beso del final. Volvimos a juntar nuestras caras. Su respiración descansaba sobre mi pecho. Mi respiración la envolvía. No quería que acabase la canción, porque ella estaba tan cerca... Sujeté su cara con suavidad, la hice alzar los ojos para buscar los míos. Lloraba. ¿Por qué? Me terminó de romper los esquemas, y me quedé sin saber que hacer. Besé suavemente su frente, y ella cerró los ojos.

   La canción llegaba a su fin y seguíamos meciéndonos el uno al otro. La abracé con fuerza. Ella se fundió con mi ser. Yo también cerré los ojos...y para cuando los abrí me di cuenta de que ella ya no estaba, que se había esfumado. En mí se instaló la duda acerca de lo vivido minutos atrás, si fue real o sólo lo había imaginado. Pero entonces me llegó una brisa con un aroma conocido, un olor a fruta tremendamente particular. Y así supe que ella fue real, que la conexión existió. Aunque no la volviese a ver jamás.

   Dejó huella en mi alma y aunque en esta vida no sea capaz de encontrarla, quedará en mi mente para siempre esa noche en la que una diosa visitó aquel local, esa noche en la que un ángel decidió descender de los cielos y renovar esta alma apagada por el día a día. No olvidaré sus ojos, tan buenos trovadores de historias pasadas y futuras. Y su boca, esos labios que prometían alcanzar la luna...serán recordados como ese tesoro que encuentras pero no quieres dejar a la vista, como ese secreto que sólo uno conoce. El recuerdo de su tacto sobre mi piel será aquella sensación que me haga moverme, que estimule nuevos latidos de mi corazón...a pesar de que nunca más nuestros latidos se sincronicen, a pesar de que jamás nuestras almas se vuelvan a encontrar en esta vida.



viernes, 24 de febrero de 2012

"Le falta"

   Se sienta frente a la ventana, a contemplar la ciudad. Mira el cielo gris que la recubre, escucha a lo lejos el mar. Abajo en la calle los niños ríen jugando al balón. Pero Ella se muestra indiferente, y la brisa le mueve suavemente su pelo. Se pregunta qué ocurre...y no obtiene respuestas. Siente que algo dentro no va bien, pero no sabe por qué ni lo que debe hacer para evitar esa sensación tan molesta. Sí sabe que quiere perderse un rato en la carretera, pero no termina de reunir fuerzas para salir de su casa y conducir hasta donde la lleve su subconsciente. Su mirada se pierde en el horizonte, al igual que se pierde el sol poco a poco mientras atardece. Las primeras luces comienzan a encenderse, y el cielo oscurece. Ella siente cada vez más fuerte esa llamada para salir y buscar el aire que le renueve por dentro cuando inspire, deseando así dejar atrás ese aire viciado que ahora la llena y no la hace sentir ni una sola emoción. 

   La miro: parece una autómata. Le hablo y simplemente asiente. Vacío, la nada. Ya estamos otra vez. Sé que le pasa algo, sé que algo le falta desde hace un tiempo, por eso no puede volver a ser como antes, por eso algunos notan que hay días en los que "se apaga" y no ríe tan intensamente. Me mira con sus grandes ojos y me regala una lánguida sonrisa, y tan sólo puedo encontrar en su mirada un tenue brillo triste, ese que tiene  quien no puede sonreír del todo porque carga consigo un abatimiento que hunde cualquier poca energía que sea capaz de recolectar. 

   Desvía la mirada y suspira resignada. Continúo mirándola, con el afán de leer su mente o su lenguaje corporal, a ver si de algún modo consigo averiguar qué es eso que la corroe por dentro y no la deja en paz. Aunque tal vez acabe resignándome yo también, después de ver que no hay nada que hacer, que solo el tiempo la curará, y algo de distracción forzada hará que lo que guarda salga y por fin pueda respirar tranquila, por fin sus sonrisas serán de verdad, por fin sus ojos volverán a brillar.

I let this rumbling possess me, losing myself into it, forgetting about me, covering all the sounds around me.



lunes, 12 de diciembre de 2011

   Aquella noche las estrellas dejaron de brillar por un instante; no hubo luz, se topaba con la oscuridad. Buscaba las luces pero no las encontraba, hallándose a sí mism@ en un túnel sin fin dónde la palabra "salida" no estaba señalizada con letras de neón. 
   Sin previo aviso, el torrente de agua descargó con fuerza en sus mejillas pálidas, surcando con velocidad desde sus ojos vidriosos hasta sus labios resecos. No había razón para esa lluvia salada, tan inesperada pero previsible al fin y al cabo. El miedo asomaba tras sus pestañas, desde lo más profundo de su alma. 
   Pero llegó el calor, tan simple como un abrazo de un instante eterno, necesario para entender que la luz seguía allí, al final de ese túnel negro...y lo que debía hacer, tan sólo era abrir los ojos y dejar que esa luz inundase cada rincón de su ser, para despertar la esencia dormida. Porque nunca dejó de estar, por mucha oscuridad que pudiese rodearl@, la luz, su luz...ahí estaba. Y se iluminaba con el reflejo de las estrellas y la Luna llena...

miércoles, 30 de noviembre de 2011

"Quédate conmigo, no te marches del todo"

Sus ojos reflejaban aquel sufrimiento. Nada ni nadie podía entenderlo. Pedían a gritos tan sólo un gesto...


Pero se Él se alejaba poco a poco y Ella, que en apariencia todo lo tuvo, se desmoronó como una torre recién demolida, sin que quedasen ni tan si quiera sus cimientos, por que desde dentro se desarmó; Ella, tan recia fuerte en ocasiones, fue como una débil hoja que cae del árbol en otoño sin piedad...


miércoles, 23 de noviembre de 2011

Dame tu mano

Aquella mañana llovía. 
Ella prefería quedarse en su cama, abrigada hasta las cejas con su manta de lana...pero debía levantarse.

   Cuando salió a la calle la fría brisa invernal le golpeó la cara, pero ella cerró los ojos e inundó sus pulmones con el aire húmedo de la mañana, con ese olor a tierra mojada. Echó a andar autómatamente, en dirección a su escuela. Iba sin pensar en nada, soñando despierta; estaba como ausente...
La lluvia comenzó a mojarla, pero no abrió su paraguas. Iba tan sumida en su mundo que olvidó todo lo demás. Al llegar a su destino despertó de su hipnosis, pero quedó en un estado de ensoñación momentáneo: se vio junto a Él, buscando su mano para sentirse segura. Porque desde hacía días tenía miedo. Desde hacía días le echaba demasiado de menos.


martes, 15 de noviembre de 2011

*


En sus ojos vi brillar un sueño;
las estrellas pusieron ese brillo
que nada ni nadie sabe dar,
depositaron millones de años
y hasta un nuevo Big Bang.

sábado, 15 de octubre de 2011

Como gato en el tejado


   Con el crepúsculo del atardecer, subo al tejado para sentarme a contemplar los colores de la ciudad. El Sol cae despacio tras el horizonte, ocultándose a cada minuto que transcurre. Y yo aquí, como un gato, en el tejado, todo observo. Nada se me escapa; entre el silencio y algo de brisa que remueve mi pelo, puedo ver esos pequeños detalles que se escapan de la prisa cotidiana del día a día. 

Te observo, y me observo. Como si de un desdoblamiento astral se tratase, vuelo por otra dimensión, cerca y lejos a la vez de lo mundano. 




Me acerco a tí, después de recorrer en un segundo mil kilómetros y algo más...te rozo suavemente y tú lo notas; te doy un beso y me vuelvo a marchar...

sábado, 8 de octubre de 2011

"LLuvia en las pestañas"

Caminaba sin rumbo por las calles, buscando algo que no lograba encontrar...
Ella no solía equivocarse, pero seguro había un modo de...
Miró sus manos vacías, recordó sus palabras ausentes; a final le perdió, tal y como ella misma se perdió...


De repente gritó, rompiendo su silencio, tan sola, ahogada en sus recuerdos. Y aunque asustada, no abandona, porque Ella sabe que luchar es su esencia, que por ello es lo que es y ha llegado a donde está...



Inventó su huida para intentar no verle; con ello acabó tan perdida... con aquellas manos vacías, los oídos llenos de palabras ausentes...entendiendo que su suerte se perdía al igual que ella Le perdió.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Lighthouse, Sea, Stars.

...acarició la tersa y suave piel de su panza; la rodeó y llegó hasta su espalda, sintiendo cada fibra tensarse y relajarse en un instante.
A ella le gustaba ese cosquilleo, le hacía sentir una oleada de vibraciones en cada rincón de su ser; temblaba de arriba a abajo pero no quería que se le notase, menos cuando él se acercaba lentamente hasta su cara quedando a menos de dos milímetros de su nariz...


miércoles, 31 de agosto de 2011

Shiver

Escalofríos en medio de la noche. Pero no hace frío. Todo lo contrario.
La brisa marina revuelve su pelo, mientras las estrellas iluminan su rostro. 



Se vuelve y se topa con esos ojos, que la miran con acusado interés, brillando de una forma que es imposible describir.


Y ella no entiende, no comprende...qué es lo que pasa...
Lo único que sabe es que no puede dejar de sentir vértigo.





















 
Tal vez sea que llega tarde, con nueve años de retraso...