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martes, 28 de abril de 2015

Cuidar su sueño.

Mientras un rap suena, ella piensa...
Veo como se le va la mirada a la nada, perdida.
Tal y como ella se siente ahora mismo.



Vuelve a querer solo dormir, pero cuando duerme se despierta asustada y a veces, llorando.
Está volviendo a hablar en sueños.


Por eso, por esas pesadillas que la persiguen, le dan las tantas sin dormir, acompañada por el insomnio. Ese que una vez fue quien le hizo sentarse a escribir en la medianoche, cuando a pesar del cansancio no era capaz de entregarse a los brazos de Morfeo.




Me cuenta que, muy a su pesar, está siendo consciente de que la única forma para dormir, o al menos dejarse ir en la madrugada al mundo de los sueños, es si siente que él respira a su lado. Sólo cuidando su sueño es cuando siente que es capaz de reposar, aunque no sea del tirón porque no sea su cama. Me dice que le da igual, que le vale mil veces más abrir los ojos y verle sonreír en sueños, sentir el calor de su piel cerca de la suya como de una hoguera se tratase...


Ella piensa...
Demasiado.

[no pienses tanto]



Quiere dejar que todo fluya, que la pasión que la caracteriza cuando algo la remueve por dentro aflore. Y al fin me ha confirmado que su mayor miedo es la reacción de él. Se siente cobarde por no arriesgarse, pero es que me reconoce que le importa más de lo que en su momento pensó. Se le ha escapado de las manos la situación, se siente vulnerable a sus propios sentimientos y... Y yo no sé que aconsejarle.



miércoles, 6 de marzo de 2013

Muchas cosas por decir.

  Últimamente escribo mucho, quizá demasiado para lo que acostumbro. ¿Será por que tengo mucho que decir? Desde luego. Soy consciente de muchas cosas que me guardo, preguntas que a veces temo hacer y sentimientos que no consigo terminar de expresar... Y es raro. Quien me conozca un poco sabe que soy de soltarlo todo, hablarlo y luego meditarlo. Pues bien, no sé que me pasa pero estoy dándome cuenta de que lo estoy haciendo al revés. 

  Sé que no me hace nada bien callarme, y ojalá pudiera decir todo lo que me pasa por la mente como hacía antes, de forma ordenada y clara. Resulta que de claro poco, y de ordenado mucho menos. Siento que el caos se adueña de esa parte de mí, Esa con mayúsculas. De mi yo más básico, ese que tiene que ver con mi personalidad y carácter. Y no me mola. Porque de un modo u otro afecta a mi comportamiento y...yo no soy así. 

   Creo que todo empezó hace cosa de un año. Y no es por echarle culpas a nadie, pero la situación fue el desencadenante. No supe hacer ciertas cosas conmigo misma. Y ahora me pasan factura. Más que lo que no supiera hacer supongo que también las experiencias me marcan un poco el paso, aunque no quiera. De repente tuve la posibilidad de ser yo y en cierto modo me recuperé. Pero por otro lado...me freno a mí misma. Antes me frenaban y ahora soy yo la que me obstaculizo. Es ridículo. 

   El problema más evidente que veo es que no soy capaz de decir las cosas a quien he de decírselas en el momento que he de hacerlo. A veces no existe oportunidad, pero eso no es escusa: puedo crearla. Cuando me veo en esa encrucijada sobre si decir o no decir algo, me freno en seco y no avanzo. Miedo. Con eme mayúscula. Y ahora al escribirlo maldigo y sonrío, que tenga que ser así...es irónico. Es cosa mía, y no sé ni explicarla, pero sé que va en mi. Alguna explicación tendrá...sólo tengo que encontrarla. Y sólo espero que no dure mucho la búsqueda, porque cada día que pasa sin quererlo me voy autodestruyendo, creciente dolor de pecho. Jodido dolor ciego.

Suspiro. 


Y no se me ocurre nada más que decir, por ahora.


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Un saludo, y corriendo me esfumo.

   Tengo muchas ganas de escribir: llevo días diciéndolo. Y me quejo, sin ningún tipo de vergüenza, de que mi musa me ha abandonado...aunque quizá sea más falta de tiempo que otra cosa. Siento que el día no tiene suficientes horas, que necesito añadir tiempo extra, una prórroga...para poder hacer todo lo que debo y me gustaría hacer. 


   Con las clases apenas tengo tiempo para venir y sentarme a escribir historias. ¡Y eso que tengo alguna que otra para contar! Pero consumo el poco tiempo que me queda tras la jornada matutina para comer, y ponerme al día con apuntes, fotocopias, y qué se yo qué más. 

   "Calla Lunn. Es lo que querías." me digo a mi misma. Y sí, lo quería y lo quiero, cada día más me gusta lo que estudio y me muero de ganas de entrar en acción. Y no, no precisamente realizando técnicas. Quiero observar, y ver más allá; donde otros no se detengan: ahí. 

   Mientras escribo estas líneas acabo de recordar aquellos primeros días, vestida de blanco, en el segundo piso del centro. Consultas iban y venían, y casi al final de la mañana llegó esa mirada azul desteñida, acompañando a la abuelita. Y algo pasaba. Y lo noté: no era ella, era él. No recuerdo exactamente cómo llegó la conversación al punto en el que aquellos ojos se aguaron, y contaron la situación tan fuerte a la que se enfrentaban. Lo vimos, mi tutor y yo lo vimos. El verdadero problema no lo tenía ella: era él quién necesitaba ayuda.... Espero que haya mejorado su situación. Y la de su pequeña.

   Uuuummm, me lío y relío, y no redacto lo que quiero contar; siento que mi cabecita va demasiado rápido y ni atino a unir conceptos e ideas. Quisiera decir tanto...pero es la una y veintidós de la mañana, y aunque mañana no vaya a la escuela hasta las diez me parece que va siendo hora de desfilar hacia la camita y soñar, llevando puesta como complemento al pijama una sonrisa: porque soy feliz con lo que hago, y porque si uno quiere, puede =) (como el sentarme dos minutos a dejar mi huellita aquí, jeje)
Buenas noches,

espero volver pronto.

Lunn.