Sin querer tus grandes ojos color miel están hablando. Otra vez. Brillan mucho, ¿quieres llorar?
Sabes que conmigo siempre puedes contar. Estamos juntas en esto. Puedo abrazarte hasta que de verdad sueltes todo eso que sé que se te atora en tu barriguita y la garganta.
Una lágrima. Vaya, bien. Déjalas salir, seamos sus amigas.
¿Qué tienen que contarnos? Quizá hoy no saben muy bien por donde empezar, pero dejarse ver es un buen comienzo. Que salgan, que salgan a jugar con nosotras. Que acabaremos riendo. Porque tu, pequeñita, eres una artista de las sonrisas. Y lo sabes bien. Así que hemos de aprovechar cualquier atisbo de una, como si fuese un rayito de sol que se cuela entre las nubes.
Te sientes algo mejor, ¿verdad? No estás sola. Puedes sentirte así, pero es eso, un sentimiento. Por ejemplo, yo estoy aquí. Acompañándote.
Quizá sea normal, tantas veces te has encontrado perdida y sin rumbo; tantas veces has sido tu la que ha tirado del carro de otros y se ha levantado después de una dura caída... resiliencia... Te admiro por todo ello. Porque a pesar de todo, en ocasiones tu inocencia brilla y crees. Y cuando eso pasa, todo es posible. Brillos y purpurina, muchas luces. Y tu girando, bailando, riendo en medio de esa fiesta.
Ahora se acercan ciertas
fechas, en las que las calles se llenan de luces, los escaparates se adornan,
se cantan villancicos, se reúnen las familias, se ven a viejos amigos…
Ahora, que vuelve la Navidad,
yo me marcho. Sí, me voy; no puedo evitar retraerme, porque estas fechas no me
terminan de convencer. Es contradictorio, un sí y un no a la vez.
Hoy me preguntaron (por
enésima vez) por qué tengo esta cara en Navidad. Para empezar, es la única que
tengo. Pero parece ser que una sonrisa no es suficiente máscara para esconder
unos ojos tristes a punto de llorar. Mi respuesta ha sido la más
clara y sincera que he podido encontrar: no me convencen estas fechas.
“¿Pero no te gusta la Navidad?”, me dijo aquella mujer. “No,creo que de momento, no”. Ella
no se quedó con el trasfondo de esa frase. ¿Y tú?(Luego te
lo cuento…o mejor: encuéntralo)
No me gusta la Navidad porque desde hace varios años falta gente en la mesa, y
lo más triste de todo es que no es porque se hayan ido al cielo, si no porque
decidieron dejar de estar(en Navidad, y el resto del año).
No me gusta porque ya no
existe esa ilusión de los peques de la casa, pues todos han crecido…y ya no hay
a quién decirle “pórtate bien que los Reyes te están mirando”, o un día cinco
de enero por la noche “mira, ¡¡qué ya vienen!!, Gaspar…¡¡Gaspaaaaaar!!”.
No me gusta, porque hay
familias que se han disgregado, y ya no se juntan como antes. Porque todo son "problemas", quejas, victimismos...y no son capaces de dejar a un lado todo eso por disfrutar la suerte de, un año más, podernos ver las caras en la mesa. Encima que cada
vez quedamos menos, se alejan más…
No me gusta la Navidad,
porque conforme a ido pasando el tiempo me he dado cuenta de que prima más la
falsedad de que un buen deseo, de esos que se hacen con el corazón. Y se ha
hecho de esta celebración toda una excusa para vender, cuando los mejores y
auténticos regalos para mí no son cosas: son personas, y los momentos que
podemos llegar a vivir y compartir con ellas.
Llega el día de Navidad y
para mí es un día más. No me malinterpretéis, ojo. Me encanta ver a la gente
reunirse, comer juntos; adoro cuando alguien me cuenta que ha hecho el árbol y
el belén con algún hermano/a… Porque eso ya, cada vez, siento que se ve menos.
Siento que se pierde.
Me tachan poco más que de
sosa, hereje, negativa, aburrida…y vete tú a saber qué más. Y lo siento, no
puedo evitarlo. Creo que pocas personas comprenden el vacío que se me queda,
porque me falta ilusión, me falta magia en todo esto. Me falta, tal vez, volver
a creer.
Supongo que la Navidad
volverá gustarme aquel día en el que levante con la ilusión de que mis hijos quieran
celebrarlo; entonces si volverá casa el espíritu de estas fechas. Tendré de
nuevo “la excusa” de hacer el árbol y
llenarlo de todos los adornos que ellos quieran y más, de jugar a hacer un Belén
lo más real posible; adornaremos todo con luces y guirnaldas... Y creo que lo
mejor será ver en sus caritas la ilusión de esperar a los Reyes Magos...
No me gusta la Navidad,
aunque hubo algún tiempo en el que sí lo hizo. Aún con todo, estoy segura de
que volverá a gustarme. Supongo que es posible volver a creer.
Todo pasa por algo, dicen. Y
creo, a cada nueva experiencia que me lo intenta demostrar, que es más que
cierta esta frase. Supe cuando me crucé con mirada que no me dejarías
indiferente, tu inteligencia me sorprendió y la rapidez con la que entendías
todo aquello que te decía, a pesar de no habla entendías la energía. Era como
si algo nos conectase, algo que no se puede ver pero que se siente.
Intenté por todos los medios
tenerte conmigo, porque desde que te tuve en mis brazos y te miré más
profundamente entendí que tenía que protegerte, como si fueses una parte de mi
o como si en otra vida nos hubiésemos cruzado. Y no sabes, ni sabrás, lo que
lloré cuando entendí que no podríamos estar cerca. Creo que hacía mucho tiempo
que no sentía ese tipo de dolor, el de una pérdida que te deja sin sentido y con
un vacío intenso en el alma. Sé que intuías algo, porque no querías marcharte;
me mirabas con ese particular destello verde que surge desde lo más profundo de
tus ojos…hablando un lenguaje que va más allá de las palabras…
Todo pasa por algo, dicen. Desde
el segundo uno de tu partida deseé que no te fueses lejos, que encontrases el
hogar definitivo y que te quisiesen tanto o más como hago yo. Y tuve que
contarle a los mosqueteros lo que ocurría, contarles que mi “D’Artacán” no
podría quedarse a mi lado… lo que dolía y mi anhelo de no perderle la pista.
Entonces ocurrió; la determinación de S, el decir que algo haría…y así fue.
Ayer ansiábamos una
respuesta, después de casi una semana, mientras las aguas cristalinas
murmuraban, mientras el viento silbaba, mientras el sol nos quemaba… Llegó el
mensaje, llegó la noticia: vendrías.
Si no lloré de alegría fue
porque hay que mantener las formas, más allí donde tantos desconocidos nos
rodeaban. Pero mi voz temblaba, y en mi interior algo se agitaba, gritando “yuju!”
mientras en mi cara se dibujaba una enorme sonrisa.
Cuando te ví…no pude evitar
correr a abrazarte. Tus ojitos brillaban, pero estabas temblando. Desde que te
tuve en mis brazos dejaste de hacerlo, como si entendieses que no te iba a
ocurrir nada malo, que estabas a salvo… Y así es, mi pequeña. Así es: estás
donde mejor podrías estar, con S. y su familia, que te querrán más que a nada,
serás su consentida… Y yo, siempre cerca. Más de lo que hubiese podido desear.
“Lo imposible solo tarda un poco más”
“Ojitos bonitos, la llamabas…”
“Porque hay veces que las medias naranjas no son de la misma especie”
Teníamos que cruzarnos, para no poder olvidar tu mirada. Tenías que venir conmigo, para entender que no podía ser. Tenía que reaprender a ser paciente; me reencontré con mi yo más anhelante y que desea "imposibles"...y al final, todo pasa por algo. Porque teníamos que cruzarnos y ocurrir todo lo que ocurrió para que te quedases donde ahora estás. Bienvenida a tu nueva vida, pequeña mía... Velando por tí, estaré cerca...
Últimamente escribo mucho, quizá demasiado para lo que acostumbro. ¿Será por que tengo mucho que decir? Desde luego. Soy consciente de muchas cosas que me guardo, preguntas que a veces temo hacer y sentimientos que no consigo terminar de expresar... Y es raro. Quien me conozca un poco sabe que soy de soltarlo todo, hablarlo y luego meditarlo. Pues bien, no sé que me pasa pero estoy dándome cuenta de que lo estoy haciendo al revés.
Sé que no me hace nada bien callarme, y ojalá pudiera decir todo lo que me pasa por la mente como hacía antes, de forma ordenada y clara. Resulta que de claro poco, y de ordenado mucho menos. Siento que el caos se adueña de esa parte de mí, Esa con mayúsculas. De mi yo más básico, ese que tiene que ver con mi personalidad y carácter. Y no me mola. Porque de un modo u otro afecta a mi comportamiento y...yo no soy así.
Creo que todo empezó hace cosa de un año. Y no es por echarle culpas a nadie, pero la situación fue el desencadenante. No supe hacer ciertas cosas conmigo misma. Y ahora me pasan factura. Más que lo que no supiera hacer supongo que también las experiencias me marcan un poco el paso, aunque no quiera. De repente tuve la posibilidad de ser yo y en cierto modo me recuperé. Pero por otro lado...me freno a mí misma. Antes me frenaban y ahora soy yo la que me obstaculizo. Es ridículo.
El problema más evidente que veo es que no soy capaz de decir las cosas a quien he de decírselas en el momento que he de hacerlo. A veces no existe oportunidad, pero eso no es escusa: puedo crearla. Cuando me veo en esa encrucijada sobre si decir o no decir algo, me freno en seco y no avanzo. Miedo. Con eme mayúscula. Y ahora al escribirlo maldigo y sonrío, que tenga que ser así...es irónico. Es cosa mía, y no sé ni explicarla, pero sé que va en mi. Alguna explicación tendrá...sólo tengo que encontrarla. Y sólo espero que no dure mucho la búsqueda, porque cada día que pasa sin quererlo me voy autodestruyendo, creciente dolor de pecho. Jodido dolor ciego.
Para llegar y escribirlo. Porque es caos. Y aunque en parte se haya disipado esa jodidas nubes de tormenta que llevaban ya su tiempo formándose...los charcos siguen. Poco a poco se absorberá esa agua, se evaporará. No encuentro palabras, al igual que anoche cuando ellos pararon y el verde preguntó. Y eso es lo más simple de todo: el detalle de. Porque, aunque "estén para ayudar" y sea su trabajo...no todo el mundo lo hubiese hecho. Porque conozco uno que NO lo hace, uno que a pocos kilómetros de allí se supone que dormía. Quizá por eso escaparon lágrimas de mis ojos porque es irónico que un desconocido lo haga y quién me conoce haga más de un año que no sabe de mi, ni yo de él.
CRÍA CUERVOS, QUE TE SACARÁN LOS OJOS.
Y luego esas cosas...esas cartas que no te envié, esas cartas con aquello que no te dije. Y los miedos de mi mano. Y los fantasmas, que no se van y hacen daño. Y de nuevo pequeños detalles, palabras...que matan, que hacen daño. No quisiera ser alguien que no soy pero...me bloqueo en mi y no salgo. Y tal vez todavía no sabes lo grande que es esto. No, no lo sabes.
Me llaman por teléfono. Y me lo dicen. Me quedo en stand by, notando como mi temperatura corporal baja y mi tensión también desciende; siento mareos y al mirarme en el espejo en mi cara se refleja eso que siento. No sé si es miedo, o que simplemente me he paralizado al recibir una información e intentar procesarla. Aunque tal vez ya lo supiera, incluso desde hace años lo esperaba...fuck intuitions.
Lo sabía, claro que lo sabía. Con ocho años lo ví, joder. Intuí que esto avanzaría. Pero, ¿y los adultos? ¿por qué en todos estos años no han hecho nada? ¿por qué algunos miraron hacia otro lado cuando debieron actuar? Yo era una niña. Y ahora, ahora que lo sé, hasta donde ha llegado...joder.
Curioso, muy curioso. Hace unos días l@ pensé, y hablé de su persona. Y en las clases, en Esas Clases, también por mi mente pasaron algunos pensamientos dedicados a esos comportamientos que una vez ví o me contaron...y lo que una vez creí que no estaba bien en ese momento lo confirmé...
Y quizá por eso no me sorprendió la noticia, porque años atrás lo vaticiné...solo era cuestión de tiempo. Y hoy...me quedé helada, y no por el frío que hace, sino porque aquello que una vez pensé y quise rechazar de mi mente...se ha convertido en realidad.
Después de una hora de charla con S19, intentando apartar de mi cabeza las preocupaciones, sentía la necesidad imperiosa de escuchar música. Música clásica. Un piano... Y la primera canción que escojo de forma aleatoria resulta ser Fairytale, de Ludovico....un piano, y acompañándole, un violín. No puedo, sencillamente no puedo retenerlas...y por mis mejillas escapan, a prisa, las lágrimas que contenía desde hacía rato...
Miro al cielo, y en mi mente se repite"no l@ dejes sol@"...y como respuesta a mi plegaria se escucha a lo lejos un "tananá". Gracias.
Lo que más me duele es la sensación de no poder hacer nada...y de sentir, en el fondo, que sé que esos pensamientos en forma de intuición o predicción...acaban por cumplirse.
No es media noche, pero Lunn se
sienta ante la pantalla a escribir. Quiere reflejar muchas cosas, pero sabe que
hoy no es el día, aunque siente que debe dejar algo escrito. Quiere contar una
historia, quiere plasmar sentimientos. Pero hay veces que ciertas cosas no
pueden escribirse, y si la musa falta… Ella sabe que cuando regrese a su hogar
verá todo desde otra perspectiva, y podrá redactar las líneas que tanto desea.
Por lo pronto, enciende su reproductor de música y se dispone a dejar que al
ritmo de la música las palabras fluyan desde su mente al teclado del ordenador…
Esta madrugada, a las cinco y
media de la mañana, abrí mis ojos. La luz inundaba la habitación, pero sabía
que aún me quedaban horas de sueño. Mi estómago se removía con cierto
nerviosismo, no en vano esperaba tener suerte. De un salto, bajé de la cama y
me dispuse a ir a desayunar: un poco de té con tostadas, sin el baicon típico
del lugar. Tras ello, una buena ducha para despejar la mente y hacer tiempo
hasta ese momento en el que me llegase el sí, o el no. Y llegó el no. “Bueno”
pensé “si esta vez no ha sido será por
algo”. Me relajé un poco al saber que no tenía prisa por llegar a ese lugar en
el que la música sonaría y ellas, diosas de la danza, ejecutarían sus bailes.
Me quedaba cierta pena por dentro, por estar tan cerca y a la vez tan lejos,
pero otra parte de mi me decía “Estás aquí, jamás lo hubieses imaginado, tu
sueño de volver se ha cumplido, estás aquí y has aprendido a sobrevivir sola,
has conocido gente maravillosa, te has movido por las calles de esta ciudad
como si fuese la tuya propia, has confirmado que podrías vivir aquí aunque también
te has dado cuenta de cuánto amas a tu tierra, has echado inmensamente de menos
al Mar, y contra todo pronóstico también a una mirada; echas de menos los juegos y riñas con tu
hermano, a tu madre y sus abrazos, a la pequeña que cada mañana te alegra el
despertar con un “beso”; extrañas enormemente saber que ese gigante te observa
desde sus tres mil setecientos dieciocho metros, echas de menos tu paraíso…
Pero oye, que no todo es echar de menos: estás viviendo una experiencia
gratificante, conociendo mundo y, mejor aún, conociéndote a ti misma. Sabías
que eras capaz de dar pero no sabías que podías dar más, pensabas que llegaste
a tu límite aquel día en el que luchaste por tu Sueño, pero hay más sueños por
los que luchar”. Sonrío, porque siento
que es así, que con suerte tengo una vida por delante y podré hacer, de un modo
u otro, todo lo que me proponga. El secreto está en no desistir en la lucha por
lo que uno realmente desea; sé que es posible lograrlo. Tal vez tardemos dos
años de más y el camino tome curvas sinuosas que nos hagan replantearnos seguir
pero…como dije antes el secreto está en no abandonar, no desistir si realmente
creemos que para nosotros vale la pena. A veces las cosas no suceden como queremos, ocurre diferente a como imaginamos... pero a pesar de como sea, si tienes un sueño, lúchalo. Mi Sueño,
aquel del que hablaba al crear este pequeño rincón nocturno, da sus primeros
pasos. Este sueño, el que vivo ahora, de estar aquí, en esta inmensa isla, con
esta ciudad que adoro…pronto terminará, pero sé que tendrá segunda parte. Y un
sueño que ronda mi mente, el verlas danzar…sé que tarde o temprano se cumplirá. Hoy no será posible, pero no desistiré. Lunn no abandona; todo sucede por algo, quizá esta historia cambie su rumbo por algún motivo oculto del que ahora no soy consciente.
Acaríciame el camino de la frente a la nariz; háblame de la suerte que tienen tus pupilas por su azul compañía. Cuéntame que es lo que ves cuando te quedas a oscuras, porque cerrar los ojos no significa no ver. (Maialen)
Cualquier mañana, la menos pensada, de un día improvisado en el que ni tenías en mente salir de casa, todo gira 180º y has de hacer cosas que ni imaginabas. Y cuando, desde la otra acera, le ves, piensas que es un espejismo y lo único que te sale es encogerte de hombros en un acto mudo de sorpresa, y sonreír.
Al tenerle más de cerca lo miras con mucha más atención: sigue tan guapo como siempre. Hablas un rato acerca de varios temas, de cómo van las cosas, de lo que depara el verano...y te despides no sabes ni cuantas veces. Hasta un abrazo se produce, junto con un beso. Y sigues hablando, te ríes, y sigues despidiéndote en un eterno camino hacia el destino que al final, acaba. Pero disfrutaste, reíste. Te alegraste de verle. Hoy estabas (y estás) contenta. Y más aún cuando descubres que...poco a poco, te has ido inmunizando a aquello que removía en tí, quizá por asimilar que no quiere, o que no puede ser. Y te conformas con esos pequeños momentos en los que tienes la oportunidad de verle. Y de verle sonreír.
Dije que necesitaba fuego. Y lo encontré. Sentí el calor dentro de mí mientras subía una montaña a lo que daba mi cuerpo, máxima velocidad marcando ritmo, a tope. Respiraciones profundas inundaban mis pulmones mientras sentía agujas clavarse en mis piernas debido a la falta de actividad estos últimos meses, pero no importaba. Cuando llegué a la cima me dieron ganas de gritar "soy el rey del mundo", cosa rara porque tampoco es el pico más alto del lugar pero...me sentía realizada. Las vistas en ese lugar fueron fantásticas: por un lado tenía imponente y escondido entre las nubes a un "Padre" que nos vigila a todos desde su imponente altura de 3718 metros; por otro lado, el Mar, grandiosa inmensidad en la que adoro perderme... Al llegar al lado de la hoguera que en esa cima se encontraba crepitando no sé qué era más cálido, si la hoguera o mi interior. Pasé por su lado y sentí el fuego rozando mi piel, el olor a madera quemada, sentí la brisa fresca de ese lugar, y por un momento recordé a un amigo al que no tenía cerca... Sé que la calidad de mi teléfono móvil deja mucho que desear, pero aún así espero que te gustase la foto que te envié... =)
Cuando tocó bajar la montaña, al ritmo del tambor, sentía dentro de mí una llamada especial, como si alguien realmente me escuchase cualquier cosa que pensase, sin hablar. Juraría que volví atrás en el tiempo, muy atrás, a un lugar lejano al que tal vez pertenecí. Bajamos bailando, algo tan básico y sencillo, pero que remueve en mi interior cariño, ternura por la tierra en la que nací. Para A, Para V, un T. =)
La noche era incierta, pues no sabíamos a dónde iríamos, ni lo que haríamos: tocaba improvisar. Y como me gusta poco (ironía), pueeees...! Decidimos bajar allá abajo donde las corrientes son fuertes, la arena muy fina pero el agua es muy rica. Aunque antes de ello fuimos a por alguien que faltaba en ese grupo tan variopinto, de edades tan dispares pero con pequeños detalles en común: las ganas de pasarlo bien, las ganas de reír, de vivir, de sentir...!!! Y una vez todos juntos, tras un pequeño paréntesis en la casa bajo el barrio de la Santa, nos dirigimos hacia esa playa del pueblo de las vistas bonitas (o buenas, como quieras llamarlo). Una vez en la playa ya no pensaba bañarme, pues la brisa poco a poco se llevaba mis ganas con ella. Hacía demasiado frío, y a poco que haga, tiemblo. Por un momento había olvidado el fuego que llevaba conmigo esa noche tras la subida a la montaña y el encuentro con La Hoguera, pero el Mar, mi adorado Mar, tan cercano de mi paraíso, al rozar mis piernas con su espuma blanca, me recordó que podía llegar a ser tan cálido como una hoguera, a pesar de ser agua, elemento tan opuesto al fuego. No me lo pensé, enseguida decidí cambiarme y sumergirme en esas aguas, junto con la gente con la que había decidido compartir esta noche tan especial para mí, tan mágica. Y vamos que si lo fue. Porque hasta el guiño de una estrella fugaz me llevo conmigo, en mi recuerdo....dirección norte, quizá con el mensaje de que aquello que sueño se llega a cumplir, un sueño que hace años no creía posible y que va formándose cada vez mejor a cada día que se acerca julio... No digo más, mi amigo, el de la hoguera, sabe de lo que hablo. Y quizá tú, que me lees ahora, puedas intuirlo. O lo sepas, si te lo llegué a contar =).
En aquel momento de la noche, tras incluso una breve conversación en medio de las olas y hasta una ahogadura algo simpática, llegaron a romperse mis ilusiones por un momento. Era la hora de irse, ¿la hora de irse? Pero si es temprano.... Bueno, bajé con ellos, subo con ellos. Pero en mi mente una lucecita se encendió, pedí a alguien un pequeño favor y al final....me acompañó, y llegué al destino tras una breve conducción; breve porque sin tráfico y a esas horas es muy fácil trazar curvas, y más si vas bajando (jé!). Al llegar...mi sonrisa lo decía todo. Gracias a C, que me dijo un rotundo "baja", y a RT, que me envió a un ángel de la guarda, llegué...¡y qué bien lo pasé! No imaginaba que pudiera reír más, después de aquella tarde-noche tan ajetreada sin prisas pero sin pausas. Y bailé, vamos que si bailé. Mi cuerpo pedía a gritos un pequeño paréntesis tras la agotadora semana que llevaba a mis espaldas; la única forma de desconectar era bailando, dando vueltas y riendo. Y más reí cuando intenté aquello que me enseñaron hace una semana, siento no tener tu estilo chaval, se hace lo que se puede. Tu lo haces de forma que quede la chica a tu lado, ya sabemos por qué yo no puedo hacerlo....porque cada uno es como es, jajaja! =D
Cuando ya la noche tocaba a su fin al son de la orquesta que allí tocaba, nos marchamos. Y no quisieron que llegase en soledad a mi destino, con que tú, sí tú, viniste conmigo. ¿Casualidades? ¿O San Juan lo quiso? Me río porque hay cosas que son mías nada más y aquí nadie leerá, pero es gracioso el desenlace, y más aún cuando ves algo en unos ojos que sabes que están tristes pero...por un momento olvidan y brillan, como si llevasen fuego en ellos...como si por un momento, fuesen felices de nuevo. No olvidaré ese momento, con esa canción resonando en los altavoces de mi coche, la cara de las amigas, la cara de los chicos (sobre todo el del sombrero) y mucho menos olvidaré esa complicidad, esas risas que duraron hasta donde la roca mira de frente al pueblo. Ni tampoco la cara del niño con sueño, por el vaivén del coche (y tal vez, la edad), son sólo un par de años más (já!), pero como si no existiesen. Yo me di cuenta, quizá porque la noche alentó mis sentidos, sé que tú sigues perdid@. Pero esa sonrisa y el brillo de ojos no lo quita nadie, me alegró no verte como sé que estabas, porque yo también estuve ahí y ese lugar no es agradable. Poco a poco, viviendo, respirando y sobre todo, riendo...se recupera aquello que se ha perdido. O al menos, eso espero.
Mil y una cosas más podría decir, pero he de irme, a pesar de ser domingo no será ese típico en el que no se hace nada...tengo cosas pendientes que no pueden dejarse estar. Y mientras decido terminar este texto sonrío, porque como le dije a Oavova anoche, estos pequeños respiros que tengo los fines de semana son lo que me dan vida y me hacen reír sola a mitad de semana, cuando siento que se me cae el mundo encima. Y después de La Noche Mágica, sentimientos, sensaciones, el fuego en mi latiendo como antaño, la Mar que acarició mi piel, y unos ojos bien bonitos que ví brillar...puedo darme por satisfecha y sé que esta semana será más llevadera que las anteriores. Por una vez...no lo doy todo por perdido. =)
Al fin pude escuchar tu voz, me llamaste y compartimos más de una hora (que muy corta se nos hizo) de risas, bromas, anécdotas, un poco de aquí y un poco de allá...
No imaginé cuando apareciste en mi vida que te llegaría a apreciar tanto como lo hago hoy,
no soy persona de escribir dedicatorias así como así pero, amiga mia...tú la mereces. Desde un primer momento me transmitiste algo bueno, y realmente ahora meses después puedo comprobarlo, después de chatear todas las noches y contarnos mil y un cuentos. Sé que guardas en tu interior cosas muy buenas, sé que eres de lo más observador que existe y sé también que no necesitas estar aquí, viendo lo que ocurre, para darte cuenta de todo. Agradezco esas horas de charlas mudas: mudas porque no hablábamos, si no que escribíamos... Cuantas noches que no pude dormir y tu me leías, me aconsejabas desde el cariño...y así, te fuiste ganando un pedacito de mi corazón, por esa nobleza y bondad que tienes: porque te haces querer.
Espero y deseo verte pronto, no sabes las ganas que tengo de abrazarte (aunque ya te lo he dicho, que tengo muuuuuuuchas ganas de estrujarte). Mientras estemos lejos, siempre nos quedará...el teléfono.
Gracias por la llamada. La sonrisa, y la alegría por escucharte me durará varios días =D
Caminaban
bajo la luz de aquel atardecer, en el que el sol jugaba a esconderse entre las
nubes del horizonres, y llegaba un brisa
suave que traía consigo el olor a sal…
☆
- Algún día – dijo la joven de ojos color mar – llegará alguien que dé con la
tecla.
-
Eso te lo dejo para ti, que eres muy piano – respondió la de los ojos color
canela.
-
Bueno…siempre puede llegar alguien que sepa tocar las cuerdas… - dijo la primera,
enarcando una ceja y luciendo una media sonrisa-risa.
-
Sí, pero como bien sabes ese instrumento es de los más difíciles de tocar, es
muy difícil que suene afinado – contestó muy seria la segunda - Pueden intentar
tocarlo, incluso hacer que suene…pero si no saben cómo hacer que afine…es igual
que nada.
☆
Canela
estaba perdida. Como nunca antes. Mar se lo dijo. Y también que por su afán de
encontrarse más y más se perdía. O eso creyó entender Canela. …
ஐ
Canela
se sienta en la ventana. Mira hacia fuera, las luces, la vida. Por un momento,
cuando estaba con Mar, deseó algo que hacía tiempo que no deseaba, algo que
deseó una vez cuando era muy, muy pequeña: que la vida se detuviese, y que solo
ella siguiese en movimiento. Imaginó en aquel instante que, por un momento, los
coches se detenían en medio de la calzada, las personas que por allí paseaban se
quedaban heladas como si fuesen estatuas, la espuma blanca del oleaje quedaba suspendida
en el aire tras estrellar contra las rocas… Por un instante, deseó que el mundo
se detuviese, para echarse a dormir, sin que importase nada más. Como dijo
Mafalda, “Paren el mundo, que me quiero bajar”, piensa mientras cierra los ojos
y escucha el murmullo de la noche, en este mismo instante en el que escribo
estas palabras.