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martes, 2 de febrero de 2016

Los ojos verdes del Dragón.

Cuando sus ojos se encontraron, Lunnaris sintió un escalofrío. Ya se había cruzado con esos dos iris antes.
La mirada de Yandrak era mágica, sobrecogedoramente brillante. Y transmitía millones de cosas.

Ella no pudo evitar sentir la energía que él desprendía. La primera vez que se encontraron por casualidad la sintió, sin saber su verdadera identidad... Pero lo sintió. Y ahora, a la luz de las tenues farolas del parque, pudo ver en el fondo de su mirada ese fuego que tanto le caracterizaba... pues, no en vano, era un dragón...

Ella se percató que a la vez que la miraba fijamente a sus pupilas, el no dejaba de observarle los labios sutilmente. Sintió como si antes, en otro tiempo, ya hubiese vivido ese momento. Como si ya le conociera.


Lunnaris se cuestionaba para sí que significaba todo aquello. Qué sentido tenían esas sensaciones que no comprendía, si tal vez Yandrak pensaba lo mismo, o eran solo cosas de ella.

Y, curiosamente, como si el joven dragón supiese que se le pasaba por la cabeza a la pequeña unicornio, habló. 

"No sé qué habrá pasado antes, pero no entiendo como te han dejado escapar"

Asistolia breve, taquicardia intensa.

¿Qué?, pensó ella, y apartó la mirada de aquellos profundos y brillantes ojos verdes que tan hondamente la exploraban. Se sintió completamente desnuda frente a aquel joven, que parecía conocer sus más profundos secretos. Como si él fuese una parte de ella...o ella misma en sí.

Entonces él le dijo aquellas cosas que jamás pensó escuchar de boca de nadie; le habló de una Lunnaris que ella no creía que fuese visible a ojos de ninguna otra criatura. De luz, de magia, de amor. Le contó aquella vez que por casualidad se encontraron, sin saber el uno del otro... Y de cómo se percató de la existencia de aquella pequeña niña, que no llamaban la atención de nadie pero que a él no le dejó indiferente. Porque vio más allá de lo que cualquier mortal normal era capaz de ver.

Lunnaris no pudo evitar sonreír, porque recordó aquel momento en el que sin saber que era él, que era el famoso Yandrak del que tanto le habían hablado. Recordó el instante en el que algo la impulsó a mirar en su dirección, el instante en el que sintió la energía que le conectaba a él. Porque sí, aunque ellos no lo supieran, algo les unía. Tal vez un pasado en otra vida, quizá el presente que ahora vivían; o un futuro que aún no conocían.


Cuando ella por fin habló, lo único que fue capaz de decirle al dragón fue:

"¿Dónde has estado todo este tiempo?"


(to be continued)

sábado, 2 de mayo de 2015

"Have a little Patience"

"Es una pena", me dijo seriamente.
"¿Qué lo es?, pregunté, curiosa como siempre.

"Es una pena que por terceros, por vivencias, por dios sabe que...dejemos pasar ciertas cosas". Suspiró. Y no fue un suspiro que me gustase...

"Tal vez lo que se necesita es tiempo". Me miró y puso los ojos en blanco. "¿Dónde está tu paciencia?" le cuestioné, con algo de enfado.

Resopló fuertemente antes de contestarme. "Mi paciencia está en el mismo lugar de siempre. Solo que...hay cosas que me parecen injustas. No me importa seguir como estoy y esperar, dejar al tiempo correr y simplemente vivir el momento. Solo digo eso...que es una pena. Una puta pena...". Sus palabras se convirtieron en un susurro inaudible...




No entiendo tal pena, no como ella la plantea. Pero aún así, creo que comprendo ambas partes. Desde fuera, las cosas se ven diferentes. Pero bien es verdad que el coraje, o la rabia, es algo que siento tan bien cuando otra energía me lo pasa, que es muy duro sobrellevarlo. No apetece comer, solo dormir... Como si mi intento de darle energía a otra luz fuese mi perdición, mi oscuridad. Y así estás tú. Por eso así estoy yo.

Siento decirte que esto es algo a lo que hace años debiste enfrentarte y no lo hiciste. Siento decirte que huiste, lo esquivaste como la mejor, escondiéndote y dejando pasar la tormenta. Ahora la tienes sobre tí. En tus propios ojos. Así que te voy a dar un consejo a mi manera, que me dijeron a modo de frase hace unos días: no pretendas todo ya. Ya, ya lo sé y no me sigas mirando así o me agujereas la cabeza. Ya sé que posees una paciencia infinita, como yo. Pero ambas sabemos que sólo en lo referente a los demás, no a una misma. Estás desesperada por tí, por no poderte controlar. ¿Y por qué has de hacerlo? Me respondes tan tangente, tan clara, que no puedo rebatírtelo... "Por respeto, por cariño, por empatía"
Aún así, me pregunto hasta qué punto es bueno que calles. Al final, ambas sabemos lo que ocurre. Tú misma, ya eres mayorcita. Por ahora, no pienso decirte más. 


Por una vez, no escribo para nadie. Así que no se aludan. Solo para mí misma. Bueno, y para ella... Que me lee a la vez que escribo esto y no deja de fulminarme con la mirada. (Te aguantas)
Te entiendo tan bien, tanto... No lo imaginas. Por eso acepto muchas cosas. Tal vez tú deberías hacer lo mismo. Déjate llevar, y no pienses tanto. Deja de machacarte (aunque reconozco que es difícil) y sonríe. ¿Quieres ser tu misma? Adelante. Olvida la contención, pero tampoco te desboques. Busca el equilibrio. Sé que eres más que capaz.

Me preguntas que si sale mal, que harás. Pues cariño, lo mismo de siempre: levantarte y seguir. Pero por una duda, por un miedo...no vas a perder vivir el momento, el ahora. Stay Strong, always. 


sábado, 25 de enero de 2014

Su olor.

Abrió los ojos aquella mañana, con la sensación de falta oprimiéndole el pecho. Se revolvió en su cama, aún media dormida y abrazada a la almohada, buscando su olor entre las sábanas. Allí estaba, dulce fragancia llegada de tierras áridas y desiertas, pero con vida en ellas: latir de volcanes, que bajo sus lavas esconde un corazón... Tan cerca y a la vez tan lejos, dicen...

Muuuuuuuuaaaaack!!

jueves, 8 de agosto de 2013

El gato negro de la Alhambra.

   Caminando entre las sombras, con la poca luz que daban aquellas farolas, de repente frente a frente se encontró con el minino negro, el cual, sin dudar, inició su paso pausado y elegante hacia Ella. Se miraron fijamente, como si intercambiaran palabras sin pronunciarlas; como si se leyesen la mente. Ella extendió su mano para acariciar la cabeza del gato, el cual se acercó todavía aún más y se dejó hacer. Tras este pequeño encuentro, cada cual siguió su camino: Ella, calle arriba...y el Gato Negro de la Alhambra, calle abajo.


   Fue entonces cuando de nuevo sintió ese escalofrío. Miró a la Luna y las nubes que la semiocultaban le contaron que las semanas venideras serían divertidas, escondiendo sorpresas. Agosto no ha hecho más que empezar.

lunes, 18 de febrero de 2013

Lágrimas.

   Guardaba el secreto de aquel puñal clavado hondamente en su pecho, sin decir nada callaba a cada día que pasaba...sabiendo que era la mayor tontería del mundo, pero a la vez con esa contradicción que le hacía sentir que no lo era; porque si tan mal la hacía sentir realmente sí que le importaba. 
Ella sabía que "eso" existía, desde el primer momento. Incluso llegó a sonreír al verlo, pero...las cosas cambian con el tiempo. Y Ella no es inmune al paso de los días, pues a más que iba sumando, más iba sintiendo, más Le iba importando. 
De repente, una noche, sin saber muy bien por qué llegó de nuevo a "eso". Sintió como si algo se le clavase en el alma, pues la mezcla de recuerdos y sentimientos la confundió. No pudo evitar acordarse de aquella noche en la que le confesaron aquello que la desarmó. Curiosamente, fue en diciembre, al igual que cuando Ella dio con "eso" de nuevo... 
Lo ocultó, lo guardó en lo más profundo de sí misma y se obligó a olvidarlo, a fingir que no le importaba. Pero no hay nada que cueste más y que duela tanto como el autoengaño, le resultaba difícil.
Casi dos meses después volvió al escenario del crimen, y vio que a pesar de todo, seguían allí los restos. Nadie se había molestado ni si quiera en ocultarlos. Aún con todo no culpó al forense encargado del levantamiento del cadáver, pues sabía que apenas tenía tiempo para pasar por allí. 
Volvió a callarse, a aguantar la descomposición que aquello le producía. 

Aunque hubo una noche que no pudo más.

Escuchó una canción. Hizo una pregunta. La respuesta le hizo daño. No pudo aguantar, a pesar de sus esfuerzos. Las lágrimas brotaron de sus ojos, surcando sus mejillas como cascadas. Fueron tras ella, y le dijeron que sonriese. Y eso hizo. Incluso ignoró un poco al mundo durante un rato... De vuelta a casa no pudo más, y se derrumbó. Y lo dijo, se lo dijo. Y a día de hoy sigue pensando que Él no le da la importancia que realmente supone para ella. 

Ella me cuenta que no quiere que olvide, que elimine. Simplemente, que oculte... 
"¿Y si fuese al revés, no le dolería?"
Pues probablemente. Esas cosas no suelen gustar. Hacen daño; el pasado puede doler, ya lo dijo Rafiki. Y ese pasado, aun no siendo el de Ella, le duele. Le ha machacado. Por diversas razones ha sido así, aunque parezca la mayor tontería. Si no le afectase, no lo diría. No hubiese explotado. 




Para tí: no lo olvides. No te olvides de que "eso" sigue ahí. No volverá a decírtelo, pero tampoco quiere seguir llorando cada vez que lo recuerda, porque siente que a ti te da igual. Aunque no sea así, esa sensación da. Sé que no estás muy pendiente, pero intenta buscar un momento... Y creo que no debería estar diciéndote esto pero...ponte en su lugar, te dolería o al menos te molestaría si fuese al revés. Creo que es algo que no se debe dejar pasar... Por favor, no más lágrimas.

lunes, 20 de febrero de 2012

Eskimo Night

   La tarde se presentaba con un sol radiante sobre el Polo Norte. Sialuk e Igaluk salieron y se dieron cuenta de que no hacía tanto frío para sus abrigos de pieles. Pero no importaba: ellas sabían que al caer la noche ese Sol dejaría paso a la Luna, sabían que el frío llegaría con la oscuridad de la noche. Corrieron montaña arriba (sus iglúes estaban al final de la ladera) y se adentraron en aquel poblado, tan rebosante de vida aquella tarde. Cual fue su sorpresa al encontrar muchos niños jugando, lo cual no esperaban "¿Dónde están los nuestros?", pensaban. Los ancianos también se divertían, emulando los juegos de los niños, pero con muchos más años tras sus espaldas. 

   Caminaron y caminaron entre la multitud, asombradas por la variedad de etnias congregadas aquella soleada tarde en su poblado, hasta encontrarse con unos amigos de la infancia. Decidieron entonces compartir con ellos un rato, y se dedicaron a ver desfilar ante ellos a cada raza que se presentaba por aquel lugar. Al cabo de un largo rato optaron por unirse a la multitud, y seguirlos hasta el final del poblado: la Gran Plaza. 

   ¿He mencionado que aquel día había fiesta? Sí, esa era la razón de tanta etnia, tanta cultura mezclada en aquella tarde aciaga que poco sol tenía ya. Al llegar allí Sialuk encontró a su hermano, algo cansado, pues él también había seguido a la multitud. Como el pequeño estaba agotado, lo acompañaron de vuelta a casa. 
Antes de regresar a aquella festiva plaza, las dos jóvenes decidieron cazar algo, pues Igaluk tenía mucha hambre. Tras como un poco (lo cual les llevó cerca de una hora y media) caminaron veloces de vuelta a donde la muchedumbre se congregaba, hasta la plaza. Al llegar allí escucharon música, y pudieron observar que todos bailaban; había especímenes de todo tipo: algunos divertidos, otros que daban algo de miedo, mayores, pequeños...

   Las dos jóvenes bailaron y rieron, encontrándose con otros a los que hacía tiempo que no veían. A Igaluk la sacó a bailar un chico de etnia desconocida, y ella no se sentía muy cómoda. Tras varios intentos de pedir ayuda a Sialuk, ella se dio cuenta y la rescató. El pobre chico se quedo con cara de decepción: no era el tipo de Igaluk. Entonces, tras dar una vuelta por la plaza, le vieron: un guerrero, posiblemente de tierras lejanas porque jamás le habían visto. Sialuk se lo sugirió a Igalukm y esta asintió, en señal de que el joven estaba de buen ver. Pero la cosa quedó ahí, pues se encontraban sedientas y fueron en busca de algo de beber a un riachuelo cercano que, a pesar del frío, jamás se helaba. Descansaron un poco y volvieron a laGran Plaza, y cual fue su sorpresa que el joven guerrero no estaba. "Oh, que pena", dijo Sialuk. Pero no le dieron mayor importancia, y siguieron bailando y riendo juntas. 

   ¡Oh! De nuevo ahí estaba. Ahora era el momento de que Igaluk jugase con sus ojos de hielo, pero se negaba, porque el joven guerrero no le correspondía la mirada. Sialuk, de forma espontánea, le dijo a su amiga "Vamos a mirarle, a ver si así...". Y lo hicieron. El joven guerrero pasó a su lado y las miró, entre medio asombro y medio curiosidad, y ellas rieron. Al final, acabaron hablando (qué cosas, ¿no?), el joven le preguntó sus nombres y dio el suyo. Además, también les presentó a otro chico amigo suyo, otro joven guerrero. 
Ambos jóvenes quedaron anonadados con la belleza de los ojos de hielo de Igaluk, perfecta combinación con su blanca tez y su pelo color revolución. Sialuk reía ante las reacciones de su amiga, que se mostraba tímida y cohibida ante los halagos. Finalmente Igaluk se decidió a bailar con el joven guerrero, y su amigo hizo lo propio con Sialuk.

   Un rato después hizo acto de presencia un corsario, hermano del guerrero que bailaba con Igaluk; era un hombre alto, de larga melena y ojos penetrantes que contaban historias, con la misma sonrisa que su hermano. El corsario fue presentado, y a Sialuk le dijeron que bailase con él. Quedó impresionada por las dotes de danza que poseía aquel hombre, ya que se dejaba llevar por la música y la llevaba a ella. Tras el baile, Sialuk decidió preguntar al corsario sobre su procedencia, y descubrió con asombro que no andaba tan lejos: las montañas. Aún así era un lugar poco conocido por ella y su amiga, razón por la cual no conocían a los muchachos, ni siquiera de vista. 

   Pasaron prácticamente el resto de la noche con ellos, porque fueron agradables, respetuosos en todo momento y juntos rieron mucho. Y a pesar de algo de lluvia y una brisa gélida, la noche fue perfecta, como la aurora boreal que acompañaba su cielo.



lunes, 12 de diciembre de 2011

   Aquella noche las estrellas dejaron de brillar por un instante; no hubo luz, se topaba con la oscuridad. Buscaba las luces pero no las encontraba, hallándose a sí mism@ en un túnel sin fin dónde la palabra "salida" no estaba señalizada con letras de neón. 
   Sin previo aviso, el torrente de agua descargó con fuerza en sus mejillas pálidas, surcando con velocidad desde sus ojos vidriosos hasta sus labios resecos. No había razón para esa lluvia salada, tan inesperada pero previsible al fin y al cabo. El miedo asomaba tras sus pestañas, desde lo más profundo de su alma. 
   Pero llegó el calor, tan simple como un abrazo de un instante eterno, necesario para entender que la luz seguía allí, al final de ese túnel negro...y lo que debía hacer, tan sólo era abrir los ojos y dejar que esa luz inundase cada rincón de su ser, para despertar la esencia dormida. Porque nunca dejó de estar, por mucha oscuridad que pudiese rodearl@, la luz, su luz...ahí estaba. Y se iluminaba con el reflejo de las estrellas y la Luna llena...

sábado, 8 de octubre de 2011

"LLuvia en las pestañas"

Caminaba sin rumbo por las calles, buscando algo que no lograba encontrar...
Ella no solía equivocarse, pero seguro había un modo de...
Miró sus manos vacías, recordó sus palabras ausentes; a final le perdió, tal y como ella misma se perdió...


De repente gritó, rompiendo su silencio, tan sola, ahogada en sus recuerdos. Y aunque asustada, no abandona, porque Ella sabe que luchar es su esencia, que por ello es lo que es y ha llegado a donde está...



Inventó su huida para intentar no verle; con ello acabó tan perdida... con aquellas manos vacías, los oídos llenos de palabras ausentes...entendiendo que su suerte se perdía al igual que ella Le perdió.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Lighthouse, Sea, Stars.

...acarició la tersa y suave piel de su panza; la rodeó y llegó hasta su espalda, sintiendo cada fibra tensarse y relajarse en un instante.
A ella le gustaba ese cosquilleo, le hacía sentir una oleada de vibraciones en cada rincón de su ser; temblaba de arriba a abajo pero no quería que se le notase, menos cuando él se acercaba lentamente hasta su cara quedando a menos de dos milímetros de su nariz...


miércoles, 31 de agosto de 2011

Shiver

Escalofríos en medio de la noche. Pero no hace frío. Todo lo contrario.
La brisa marina revuelve su pelo, mientras las estrellas iluminan su rostro. 



Se vuelve y se topa con esos ojos, que la miran con acusado interés, brillando de una forma que es imposible describir.


Y ella no entiende, no comprende...qué es lo que pasa...
Lo único que sabe es que no puede dejar de sentir vértigo.





















 
Tal vez sea que llega tarde, con nueve años de retraso...