Estaban juntos al fin. Solos. Para disfrutar de la noche que se presumía eterna ante ellos, pero que ambos sabían que el tiempo efímero se les escaparía entre los dedos. Se miraban a los ojos, buscando uno en el otro sus secretos, sus alegrías y miedos. Se miraban leyéndose el alma mutuamente, descubriendo en sus interiores abismos enormes que daban ganas de saltar, descubriendo mil y un colores y luces brillantes que inundaban aquella habitación a oscuras que ni si quiera la Luna se atrevía a iluminar y entorpecer tan bello momento.
Él se moría por leer braile sobre su piel; ella moría por dejarse hacer. Él se perdía en sus ojos; ella miraba con disumulo sus labios. Ambos querían jugar con el tiempo y hacer durasen para siempre esos instantes, grabando en sus mentes cada detalle imperceptible para otros pero que para ellos era el mayor de los tesoros. No podían ni querían dejar de mirarse, en el diálogo mudo de sus párpados al cerrarse y abrirse tras la cortina de pestañas que, sin éxito, intentaba ocultar esos secretos que sus bocas no pronunciaban pero sus almas gritaban en silencio.
Al fin, uno habló, y en un susurro dijo:
- No quiero a nadie que no seas tú
Hubo un pequeño silencio, previo a la respuesta que no se atrevía a confirmar una certeza.
- Ya sabes como soy... - su voz se perdía en entre murmullos susurrantes
En la oscuridad, una sonrisa se dibujó al instante.
- Pues por eso mismo.
Dedico este pequeño relato a quién le guste, lo empecé pensando en mi S.S, pero conforme lo fui escribiendo recordé a unas criaturas a las que quiero y admiro, y sé que esto puede gustarles; sé que sabrán que es por y para ell@s.

Que lindo… que recuerdos florecen en mí al leer estas palabras… recuerdos que serán revividos en otro tiempo, un futuro inmediato o lejano, eso da igual… pero un futuro que nadie debe perderse.
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