Escrito el 25.04.2010
Caminábamos tranquilas por la calle, y de repente la vi: allí estaba, con su sonrisa rota y sus ojos vacíos.
- Mírala - te dije - Algún día...será amada.
- Algún día... - suspiraste, y retirando tu mirada, seguiste caminando como si lo que acabábamos de contemplar tan sólo fuera un espejismo. Lo era.
Eras tú...y tu reflejo en aquel gran cristal del escaparate, que mostraba una realidad que muy pocos son capaces de pararse a contemplar, a entender...
- Mírala - te dije - Algún día...será amada.
- Algún día... - suspiraste, y retirando tu mirada, seguiste caminando como si lo que acabábamos de contemplar tan sólo fuera un espejismo. Lo era.
Eras tú...y tu reflejo en aquel gran cristal del escaparate, que mostraba una realidad que muy pocos son capaces de pararse a contemplar, a entender...

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"Habla para que yo te conozca", esto lo dijo Sócrates.
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