(Carta al beso que aún no dimos)
No sé cuándo sucederá, ni si la vida nos dará ese instante, pero yo lo siento aquí, latiendo.
Un beso que no nace de prisa ni de conquista, sino de algo más simple y más hondo: compartir(te) un sentimiento.
Compartir lo que me desborda cuando te miro y me tiembla la calma.
Compartir la ternura que se me escapa en cada abrazo, que no es cualquiera (y sé que te vibra)
Compartir la certeza de que existe un lenguaje más allá de las palabras, y que ese lenguaje se pronuncia en la piel (o con una mirada; “te veo”)
Ese beso, cuando llegue, será semilla y no frontera.
No dirá “te poseo”, dirá “te siento”.
No pedirá nada, entregará todo.
Será mi manera de regalarte un pedazo de esta energía, de este amor genuino —llámalo X, pero es real.
Si no llega nunca, lo guardo igual como promesa en mi interior. Tal vez para nuestra próxima vida (prometo encontrarte)
Y si la vida nos regala ese segundo, lo besaré no con los labios, sino con todo lo que soy. (Con todo lo que somos, hemos sido y seremos)