Ya decían que no, que después de cierta hora no puede pasar nada bueno. Que las dos de la mañana es el punto de inflexión. Si bebemos, decimos burradas sin sentido y esos mensajes que jamás debieron ser enviados aparecen en la bandeja de entrada de aquella persona que nos rondaba la mente en el momento de lanzarlos. O de repente puede ser que sea la hora que marque una conversación inesperada con quien menos te imaginas, y acerca de temas más inimaginables aún. Puede ser que te halles estudiando para un examen y te descubras extrañando a algún alma que te remueve por dentro...y no lo quieras reconocer. Y quizá te hacían ya durmiendo, pero una imagen vale más que mil palabras y llega tanto o más como un beso volado servido de desayuno a los ojos que lo contemplen la mañana siguiente.
Puede ser que odies infinitamente, pero odiar significa dar demasiada importancia. Tú eliges qué la tiene.
Tiempo... gracias por darme la razón.
Junio empieza interesante...