Conduzco. Pienso en todo y nada a la vez. Como una autómata voy hacia mi destino, sin esperar y sin ni si quiera imaginar lo que me encontraré por el camino. Y entonces es cuando la veo. De frente, brillante como la mayor de las estrellas...solo que ésta no es de las está en el cielo. Amarilla, con sus luces titilantes...
Y sonrio.
Suena en la radio una canción, perfecta para el momento en el que paso a su lado y la miro un instante, para que quede grabado en mí esas palabras que el estribillo cantaba: "Yo no me doy por vencid@, yo quiero un mundo contigo...Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro. Una señal del destino, no me canso, no me rindo, no me doy por vencid@..."
No pude evitar que mis ojos se aguasen, que se llenansen de lágrimas mezcla de emoción y ansiedad contenida. Paradógicamente, seguí sonriendo. Porque tan sólo unas horas antes alguien me dijo que siguiera las señales, que les hiciera caso. Y estoy segura que ese encuentro no fue casualidad; estoy segura de que ocurrió porque teníamos que encontrarnos...para que no olvide por lo que tengo que seguir luchando.
Miro por el retrovisor y la veo detrás de mi. Al poco, tuerce a la izquierda. Pero no le digo adiós...le digo "Hasta luego".
Porque pase lo que pase, seguiré =)