Sus ojos reflejaban aquel sufrimiento. Nada ni nadie podía entenderlo. Pedían a gritos tan sólo un gesto...
Pero se Él se alejaba poco a poco y Ella, que en apariencia todo lo tuvo, se desmoronó como una torre recién demolida, sin que quedasen ni tan si quiera sus cimientos, por que desde dentro se desarmó; Ella, tan recia fuerte en ocasiones, fue como una débil hoja que cae del árbol en otoño sin piedad...











