Recuerdos fugaces agolpan mi mente cuando tu nombre repiquetea en mi frente, como una campana dando la hora en la cual los feligreses acuden a su iglesia.
Llevaba días sin recordar exactamente que soñaba, mucho menos probable era ya el soñarte y de repente, entre tonos grises
como una película antigua,
uniformes blancos y quizá de noche, tu
mirada entre todo aquel jaleo que en mi mente se perpetraba.
Recuerdo encontrar tus ojos, tu cara…y acto seguido despertarme muy agitada; sin saber apenas como miré la hora y acto seguido como una autómata busqué, sin saber muy bien como, el llegar hasta ti, y...te encontré a pesar de estar todavía media dormida en sueños.
Me deshice del recuerdo bastante rápido, y quizá en el vano intento de dejar de
recordarte a cada instante, quise hacer de mis actos una retirada suicida pero
ya veo que por mucho que lo evite siempre hay algo que vuelva a golpearme y recordarme
que me quede aunque me empeñe
en marcharme.
Antes de que comenzase la jornada
frente a mí encontré aquello que me desestabilizó por completo durante un segundo, pero
cogí aire y
recuperé la
compostura. Pobre de mí, no fue más que un pre aviso de lo que estaría por venir… Y así fue, a lo largo de las horas uno tras otro
cayeron sobre aplastando un poquito más esa convicción de lejanía, uno tras otro al oído me decían “quédate”,
pero no quiero, no debo…
Atardeciendo mi mente voló muy lejos, a ese lugar con el que
siempre sueño. Pero ahí estabas, de nuevo, colándote entre mis pensamientos, luces de
colores azules, Heineken y Tananá como compañía a ese intento de escape en forma de retén (sé que no quieren que huya pero…temo que lo haré)
Huir? De qué? De lo que sea, pero huir. Cobarde?
Lo sé. Pero es para
ahorrarte un problema. O tal vez eso creo, y tal vez me equivoque. Dejaré correr al tiempo, que vuele si quiere…y así tal vez llegue el momento en el que te cuente
aquel secreto que una vez con mis ojos te susurré…

No tengas miedo.
ResponderEliminar