jueves, 28 de junio de 2012

6.

   Sin esperarlo, sin imaginarlo, das con Él. 
   Cualquier mañana, la menos pensada, de un día improvisado en el que ni tenías en mente salir de casa, todo gira 180º y has de hacer cosas que ni imaginabas. Y cuando, desde la otra acera, le ves, piensas que es un espejismo y lo único que te sale es encogerte de hombros en un acto mudo de sorpresa, y sonreír. 
   Al tenerle más de cerca lo miras con mucha más atención: sigue tan guapo como siempre. Hablas un rato acerca de varios temas, de cómo van las cosas, de lo que depara el verano...y te despides no sabes ni cuantas veces. Hasta un abrazo se produce, junto con un beso. Y sigues hablando, te ríes, y sigues despidiéndote en un eterno camino hacia el destino que al final, acaba. Pero disfrutaste, reíste. Te alegraste de verle. Hoy estabas (y estás) contenta. Y más aún cuando descubres que...poco a poco, te has ido inmunizando a aquello que removía en tí, quizá por asimilar que no quiere, o que no puede ser. Y te conformas con esos pequeños momentos en los que tienes la oportunidad de verle. Y de verle sonreír.

1 comentario:

"Habla para que yo te conozca", esto lo dijo Sócrates.
Deja un comentario (me encantará leerlo) pero no seas de esos que habla sin antes pararse a pensar...Y recuerda que no importa lo que yo escriba, sino lo que tu entiendas. =)