"Es una pena", me dijo seriamente.
"¿Qué lo es?, pregunté, curiosa como siempre.
"Es una pena que por terceros, por vivencias, por dios sabe
que...dejemos pasar ciertas cosas". Suspiró. Y no fue un suspiro que me gustase...
"Tal vez lo que se necesita es tiempo". Me miró y puso los ojos
en blanco. "¿Dónde está tu paciencia?" le cuestioné, con algo de enfado.
Resopló fuertemente antes de contestarme. "Mi paciencia está en el
mismo lugar de siempre. Solo que...hay cosas que me parecen injustas. No me
importa seguir como estoy y esperar, dejar al tiempo correr y simplemente vivir
el momento. Solo digo eso...que es una pena. Una puta pena...". Sus
palabras se convirtieron en un susurro inaudible...
No entiendo tal pena, no como ella la plantea. Pero aún así, creo que comprendo ambas partes. Desde fuera, las cosas se ven
diferentes. Pero bien es verdad que el coraje, o la rabia, es algo que siento
tan bien cuando otra energía me lo pasa, que es muy duro sobrellevarlo. No
apetece comer, solo dormir... Como si mi intento de darle energía a otra luz
fuese mi perdición, mi oscuridad. Y así estás tú. Por eso así estoy yo.
Siento decirte que esto es algo a lo que hace años debiste enfrentarte y no lo hiciste. Siento decirte que huiste, lo esquivaste como la mejor, escondiéndote y dejando pasar la tormenta. Ahora la tienes sobre tí. En tus propios ojos. Así que te voy a dar un consejo a mi manera, que me dijeron a modo de frase hace unos días: no pretendas todo ya. Ya, ya lo sé y no me sigas mirando así o me agujereas la cabeza. Ya sé que posees una paciencia infinita, como yo. Pero ambas sabemos que sólo en lo referente a los demás, no a una misma. Estás desesperada por tí, por no poderte controlar. ¿Y por qué has de hacerlo? Me respondes tan tangente, tan clara, que no puedo rebatírtelo... "Por respeto, por cariño, por empatía"
Aún así, me pregunto hasta qué punto es bueno que calles. Al final, ambas sabemos lo que ocurre. Tú misma, ya eres mayorcita. Por ahora, no pienso decirte más.
Siento decirte que esto es algo a lo que hace años debiste enfrentarte y no lo hiciste. Siento decirte que huiste, lo esquivaste como la mejor, escondiéndote y dejando pasar la tormenta. Ahora la tienes sobre tí. En tus propios ojos. Así que te voy a dar un consejo a mi manera, que me dijeron a modo de frase hace unos días: no pretendas todo ya. Ya, ya lo sé y no me sigas mirando así o me agujereas la cabeza. Ya sé que posees una paciencia infinita, como yo. Pero ambas sabemos que sólo en lo referente a los demás, no a una misma. Estás desesperada por tí, por no poderte controlar. ¿Y por qué has de hacerlo? Me respondes tan tangente, tan clara, que no puedo rebatírtelo... "Por respeto, por cariño, por empatía"
Aún así, me pregunto hasta qué punto es bueno que calles. Al final, ambas sabemos lo que ocurre. Tú misma, ya eres mayorcita. Por ahora, no pienso decirte más.
Por una vez, no escribo para nadie. Así que no se aludan. Solo para mí misma. Bueno, y para
ella... Que me lee a la vez que escribo esto y no deja de fulminarme con la
mirada. (Te aguantas)
Te entiendo tan bien, tanto... No lo imaginas. Por eso acepto muchas cosas.
Tal vez tú deberías hacer lo mismo. Déjate llevar, y no pienses tanto. Deja de
machacarte (aunque reconozco que es difícil) y sonríe. ¿Quieres ser tu misma?
Adelante. Olvida la contención, pero tampoco te desboques. Busca el equilibrio. Sé que eres más que capaz.
Me preguntas que si sale mal, que harás. Pues cariño, lo mismo de siempre:
levantarte y seguir. Pero por una duda, por un miedo...no vas a perder vivir el
momento, el ahora. Stay Strong, always.

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