Anoche me volvió a ocurrir: volví a abrir los ojos y mirarte por un rato. Como sube y baja tu pecho cuando respiras, tu carita morena en un intento de relajarse durmiendo. El calor de tu cuerpo, tu corazón latiendo.
Y de repente se me antoja darte un beso en la frente y surrurarte... [...] Pero solo resuena el eco en mi mente.
Y miedo.
Y ganas de abrazarte y no soltarte.
Pero vuelvo a besarte
y desear
que duermas plácidamente
porque tienes algo muy importante que hacer
y aunque no te pueda ver
deseo con toda mi alma
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"Habla para que yo te conozca", esto lo dijo Sócrates.
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