No es lo mismo. O yo no lo siento. Estoy enfadada, eso si lo reconozco. Y tal vez no debería estarlo, pero lo estoy. Será por siempre aguantar hasta el límite más insospechado y, cuando llega el día, se rompe esa delgada línea que me mantiene en el lado de la paciencia y las mil sonrisas.
Me fastidia un poco, que seas tú. Pero...¿sabes? Muchas veces actúas egoístamente y yo tengo que comerme las uñas y morderme la lengua, aguantando; estar ahí para sacarte adelante y decirte todo aquello que necesitas oír. Me cansé. Me aburrí de hacer cosas por y para tí, y que hasta te parezca mal. Ahora te toca un poco de tu misma medicina: indiferencia y mala cara cuando yo tenga un mal día. Lo siento...de tanto recibir al final aprendí a responder igual, contigo.

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"Habla para que yo te conozca", esto lo dijo Sócrates.
Deja un comentario (me encantará leerlo) pero no seas de esos que habla sin antes pararse a pensar...Y recuerda que no importa lo que yo escriba, sino lo que tu entiendas. =)