jueves, 2 de febrero de 2012

Landing in London

   Hacía días que no volaba lejos de donde se encontraba. Había estado atada a lo terrenal, que la impedía irse lejos por un rato, alejarse de la ciudad. Pero desde ayer no está aquí, se lo estoy notando. Hubo un momento en el que, cuando íbamos por la autopista, me dí cuenta de que miraba al coche que iba delante nuestro sin mirarlo. Veía pero sin ver. Contradictorio, ya lo sé. Pero he de decir que me asusté...porque si no está aquí, ¿dónde está? ¿A dónde se fue? Es un lugar en el que yo no puedo alcanzarl@, porque me está vetado. Ya lo he intentado alguna que otra vez, pero es como si el fino hilo que nos une desapareciera, como si en realidad ella no formase parte de mí, como si no la conociera. 

   Esta mañana llegó a sonreír, a pesar de todo. Pero no me engaña con su falso optimismo. No piensa, porque dice que no quiere hacerlo. Pero dentro de Ella se forma ese fuego. Cree tener el incendio controlado, pero yo me voy dando cuenta de que no es así. Y debe hacer algo, debe hacerlo ella porque yo no puedo. Porque se le va a ir de las manos, y lo peor es que sé que lo sufriremos l@s dos.

   Odio cuando le da por decir que quiere irse lejos. Me resulta cobarde, pero lo entiendo. A veces necesitamos una desconexión diferente, marcharnos durante un ratito y volver. O durante un rato grande. O días, o meses...o un año. Sé que realmente Ella no quiere marcharse muy lejos, pero sí necesita hacerlo. Y a su particular paraíso no ha podido acudir; tampoco quiere hacerlo. ¿Entonces? Es una soberana masoquista. Pero bueno, aquí estoy yo para eso. Para recordarle que siga nadando, que sabe hacerlo y no se va a ahogar. 

   Le preocupan demasiadas cosas, algunas pequeñas e insignificantes y otras tan grandes como el planeta Tierra. Bueno, quizá exagero un poco, pero es lo que dice Ella: se siente así. Es extraño, porque no tiene por qué cargar con el mundo sobre Ella, y sin embargo muchas veces lo hace. Eso la agota, y lo veo día a día. Y me da miedo. Pero ¿quién le dice nada? Sé que al mirarse al espejo lo ve: su piel agrietada, sus labios resecos, sus ojos apagados. Ya no existen esos continuos momentos en los que era realmente como es. ¿Dónde se han quedado? Tal vez perdidos en su pasado. Tal vez los lleva a su lado. Tal vez aún no los ha encontrado. 

  Ahora me sonríe. Porque sabe que lo que escribo es una forma de soltar algo que guardamos amb@s y a veces no se puede contar. Cree que nadie va a entender que pasa, porque Ella misma se dice que son tonterías. Pero luego agacha la mirada y suspira, sintiéndose responsable de su propia vida y la de quienes la rodean. Pero a pesar de eso sonríe. Y eso es lo que más me gusta, que muchas veces logra enmascarar sus pequeñas cosas, sus "tonterías" no tan tontas...para hacer creer a Su Mundo que todo va bien. Y mientras más lo repita, más se lo creerá. Y más fácil será estar bien. 



1 comentario:

  1. Demasiadas personas mienten por el simple hecho de no hacer daño a los demás, algunos, simplemente mienten porque están acostumbrados a hacerlo, otros preferimos mentir solo cuando creemos que podemos controlar todo lo que llevamos dentro, todo lo que nos rodea, y que podremos salir solos, pero llegada la hora de la verdad las mentiras no nos valen, algunos terminamos reflejando aquello que más tememos, aquellos que no queremos dejar salir.
    A veces una debilidad, otras simplemente la oscuridad nos invade y en los ojos que un día transmitían alegría y confianza, alguien a quien poder contar cosas sabiendo que nunca saldrán solo se refleja vacío y oscuridad, miradas que dan miedo, que no son capaces de transmitir mas que un "aléjate de mi".
    En algún otro caso simplemente dejamos salir esa rabia, ese dolor, esa masa informe de sentimientos que nos amordazan los sentido e acongojan el corazón en un arrebato de súbita locura, usando el ejercicio físico para descargar parte de esa mala energía que nos invade, simplemente corriendo para dejar nuestros problemas atrás, corriendo sin pensar, con la única imagen de nuestros pies uno tras otro en el duro y frío asfalto, viendo como nuestro negro calzado se confunde en el pez sólido que nos sostiene, hasta que llegado un punto esa energía que nos saturaba desaparece, el extenuamiento es demasiado y aunque luego nos invada una sensación de incertidumbre, de frío, incluso de miedo, durante un instante, durante un breve y fugaz momento, durante un eterno segundo encontramos la paz que necesitábamos.
    Algunos tachan a estas personas de locos, su punto de locura tendrán, sin embargo a mi parecer no son mas que aquellos que retienen demasiados sentimientos durante demasiado tiempo, aquellos que cargan el mundo durante demasiado tiempo a medida que este crece y crece, y una vez no pueden sostenerlo mas dejan que caiga de sus hombros de alguna manera, por así decirlo como un alud de nieve, nieve que se acumula día a día, y llegado el momento colapsa y cae destruyendo todo aquellos que se encuentra a su paso, aunque demasiadas veces procura no sesgar ninguna vida en su camino mas que la suya propia, más tras estos momentos de locura transitoria la montaña vuelve a estar lista para recibir en su vertiente unas cuantas toneladas mas de nieve, siempre esperando que en algún momento aparezca el sol, un sol que con su luz haga que esa nieve se derrita, que lo mas importante sea que sus rayos acaricien la negra piedra que en si alberga, que poco a poco el color carbón que ha recubierto tantas veces sus entrañas se disipe, que solo quede una montaña transparente como el cristal, hecha del diamante mas puro, y cuya estampa sea la mas bella contemplada bajo la ardiente luz.

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"Habla para que yo te conozca", esto lo dijo Sócrates.
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