Ella prefería quedarse en su cama, abrigada hasta las cejas con su manta de lana...pero debía levantarse.
Cuando salió a la calle la fría brisa invernal le golpeó la cara, pero ella cerró los ojos e inundó sus pulmones con el aire húmedo de la mañana, con ese olor a tierra mojada. Echó a andar autómatamente, en dirección a su escuela. Iba sin pensar en nada, soñando despierta; estaba como ausente...
La lluvia comenzó a mojarla, pero no abrió su paraguas. Iba tan sumida en su mundo que olvidó todo lo demás. Al llegar a su destino despertó de su hipnosis, pero quedó en un estado de ensoñación momentáneo: se vio junto a Él, buscando su mano para sentirse segura. Porque desde hacía días tenía miedo. Desde hacía días le echaba demasiado de menos.

Quizás tengas que plantearte que en la vida, naces sola, mueres sola. En tu camino, largo y tedioso en algunos tramos, sorprendente y romántico en otros, te verás asumida en plena soledad, recorriendo la experiencia que acontece tu vida. La gente, Él, Ella… sólo son árboles que te darán sombra y quizás algún fruto. Es doloroso, pero es bello, porque eres tú quién marca las pautas a seguir, el que vaya a tu lado, las sigue o no.
ResponderEliminar