
Con el crepúsculo del atardecer, subo al tejado para sentarme a contemplar los colores de la ciudad. El Sol cae despacio tras el horizonte, ocultándose a cada minuto que transcurre. Y yo aquí, como un gato, en el tejado, todo observo. Nada se me escapa; entre el silencio y algo de brisa que remueve mi pelo, puedo ver esos pequeños detalles que se escapan de la prisa cotidiana del día a día.
Te observo, y me observo. Como si de un desdoblamiento astral se tratase, vuelo por otra dimensión, cerca y lejos a la vez de lo mundano.
Me acerco a tí, después de recorrer en un segundo mil kilómetros y algo más...te rozo suavemente y tú lo notas; te doy un beso y me vuelvo a marchar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
"Habla para que yo te conozca", esto lo dijo Sócrates.
Deja un comentario (me encantará leerlo) pero no seas de esos que habla sin antes pararse a pensar...Y recuerda que no importa lo que yo escriba, sino lo que tu entiendas. =)