No he saltado aún, aunque estoy dispuesta a hacerlo. O al menos, eso creo. Y presiento que va a doler lo inimagible. Además, me da miedo que no haya vuelta atrás. Un abismo que saltar da respeto, más si lo tienes delante de tí, negro como la peor noche sin estrellas y profundo como el océano. Impone. No tengo forma de protegerme, de asegurar que no caeré. No tengo ni una triste cuerda a la que agarrarme. Este salto es cosa mía. Sólo puedo hacerlo yo. Tengo que afrontarlo. Pero mi conciencia, burlona, me susurra "va a doler, va a doler, va a doler...". Espero resistir, que mis huesos no se estillen y lo más importante: que mi corazón no se pare.

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"Habla para que yo te conozca", esto lo dijo Sócrates.
Deja un comentario (me encantará leerlo) pero no seas de esos que habla sin antes pararse a pensar...Y recuerda que no importa lo que yo escriba, sino lo que tu entiendas. =)