Hace un par de horas me decidí a salir a la calle, a correr. Encendí mi mp3 y me coloqué los cascos, en un intento de abstraerme del mundo y solo concentrarme en dar un paso detrás de otro, a un determinado ritmo acorde a mi respiración, para ajustar cada latido... Comencé muy suave, porque aún no tengo la resistencia que me gustaría. La música que reproducía mi mp3 me animaba a acelerar el trote, con su ritmo y alegría. Acabé haciéndolo, y mantuve el ritmo durante un par de minutos, hasta que sentí esa punzada en el costado. Me costaba respirar, así que eché a andar a paso veloz; detenerme: jamás. A poco me recuperé eché a correr de nuevo, fijando la mirada en el horizonte y con la firme idea de llegar hasta el final. Y lo hice. En mi reproductor sonaba entonces una de tantas canciones que últimamente escucho, la cual me hizo recordar cosas que hasta ese momento no había evocado en mi mente. Apreté los dientes, deseché pensamientos y seguí mi camino, corriendo sin parar, sintiendo la brisa fresca en la piel de mi cara, los labios algo resecos y pequeñas punzadas en mis piernas. Daba igual, no pensaba parar al menos en un rato. Me marqué mi objetivo, fui a por él. Lo logré, y de vuelta a casa pensé en que debo coger esta costumbre como un ritual, ya que me libera de todas las cargas que pueda llevar en el momento que corro y no pienso en nada más.
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| (Runaway) |

Cuidado, pues si estás lo suficientemente loca para correr hasta que olvidas tus problemas por un rato puedes terminar corriendo demasiado tiempo, demasiado lejos, y al final no saber volver a casa, volver a la razón.
ResponderEliminarPrecisamente loca no estoy (al menos no del todo) pues correr me mantiene algo cuerda. Y no, no corro para olvidar los problemas, eso es de cobardes. Simplemente corro para desconectar, pero desde el momento en que paro vuelvo a darle vueltas a las cosas, a buscar soluciones. y créeme que mantengo los pies en la tierra, para no perder el norte, para saber volver a casa.
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