Iba a irme ya a la cama, pero...me detuve observando esa foto tuya, recién casada y mirando a tu amor con la ilusión brillando en tus ojos. Él te devuelve la mirada, pero mira tu boca y no a tus ojos. No ve ese brillo, pero no importa...porque en su expresión se dibuja un cariño infinito, sumado a las ganas que intuyo que tenía de besarte. Les miro y sonrío. No hace tanto tiempo de eso. O quizá sí. Bueno, el tiempo es tan relativo...
Te miro de nuevo. Tu sonrisa, de perfil. Escalofrío. Tengo una foto en la que soy IDÉNTICA a tí: misma forma de la cara, misma expresión en la mirada, misma sonrisa... Pero no soy tú, soy yo. Y ya tú no estás. Y yo sólo soy el humillo de lo que fuiste tú una vez, retazos incompletos pues cada ser es único. Y tú...eres irremplazable.
Miro un poco más a la izquierda: él, algo más avejentado...y yo, sonriente a su lado. Por un momento pareces tú, de nuevo con veinte años. Pero no estás, ya sé que no estás...aunque, entre nosotras, te siento cerca cada vez que te necesito. Eres mi ángel de la guarda (uno de ellos).
Bostezo, pues tengo sueño. Y creo que va siendo hora de meterme bajo las mantas y dormir, para soñar o para simplemente descansar...que mañana será un nuevo día. Y, al despertarme, tendré a mi lado tu fotografía, desde la cual me sonríes en blanco y negro, dándome fuerzas para seguir luchando por un sueño.
Te extraño, Tati. Catorce años no son nada, porque sigues viviendo en mi corazón, con cada latido. Y en mi mente, con cada pensamiento que te dedico. Un beso, enviado hacia la estrella más brillante del cielo, allí donde habitas con M.J. y con P.A. Saludos a V, y en especial a A. Sois mis ángeles, y les extraño mucho. Aunque, no sé por qué, creo que esta noche alguno me visitará en sueños. Nos vemos luego.... =)

La niña estaba sentada en su ventana, mirando hacia el cielo nocturno, a las estrellas contemplaba. La más azul, grande y brillante de todas, destellaba. La niña la miraba, en un intento de llamarla y que esa estrella regresara. Pero no obtenía respuesta muda a sus silenciosos deseos, solo el destello titilante de la fría azul, a la vez tan cálida. Fría, por la distancia. Porque jamás volvería. Cálida, por el recuerdo que en la mente y corazón de aquella niña habitaba. Porque una parte de esa estrella se hallaba, de alguna forma, viva en la mirada de aquella niña...