Como si estuviera escrito. Como si tuviera que ocurrir. Llegué a esta canción sin quererlo. La descubrí, y con ella, su letra. A la vez busqué a una amiga, que sin proponérselo...me recordó algo que una vez yo le conté. Y eso a su vez me llevó hasta tu recuerdo... Todo es un conjunto, por separado no significa nada pero...¿qué quiere decir esta serie de casualidades todas juntas?
Para que quién me lea pueda entenderlo, haré un breve resumen: hace casi un año descubrí esto, que se ajustaba a mi realidad de ese momento:
DAME CUATRO RAZONES
-Dame cuatro motivos para continuar que de los cuatrocientos que tenía yo ya no me queda ninguno. Con cuatro me vale.
-Muy bien. Empecemos... El primero es el más obvio, pero para ti creo que es el menos importante: porque él es la persona que más has querido en tu vida. Porque desde el primer día que le viste sabías que había algo especial en él, algo que iba a gustarte. Porque te pasaste un montón de tiempo pensando cómo podrías conocerle, y cada vez te inventabas una historia más disparatada, y tus ojos no paraban de brillar todas las veces que le conociste en tu cabeza. Porque llegó el día que le conociste, y desde el primer momento no paraste de repetir que tenías razón, que él era maravilloso. Y porque a medida que le ibas conociendo le ibas queriendo cada día más.
-Ya, pero es que con quererle ya no basta.
-El segundo motivo es tu forma de ser. Te conozco desde hace mucho tiempo, y si tuviera que describirte diría que eres una persona alegre, pero estaría mintiendo porque ahora ya no lo eres. Tú nos enseñaste a todos lo que era ser feliz, lo que era tener la sonrisa tatuada en la cara constantemente, lo que era estar siempre de buen humor. Cuando estabas bien con él eras alegría andante, eras ganas de vvir. Es como si desde que estáis así estuvieras apagada, ahora parece que haces esfuerzos por estar bien. A ratos te olvidas, y eres tú otra vez, pero otras veces es como si estuvieras por estar, te ríes pero no se te ilumina la cara.
-Ya, siempre lo digo, él me hacía sentirme bien, me hacía pensar que todo estaba bien. Daba igual lo malo mientras él estuviera cerca para escucharme, para abrazarme... Este ha sido un buen motivo, él me hacía feliz. Era mi persona, era mi mejor amigo.
-¿Ya estás convencida?
-No, sigue. Que yo le necesite para estar bien no es suficiente. No puedo estar siempre detrás de él para poder ser feliz.
-Porque te encanta su voz, y te encanta escucharle. Porque si tienes que vivir sin saber que es de él te morirías de pena. Porque te encantaría que te contase sus problemas para poder ayudarle y porque te encantaría que te contase sus alegrías para poder escuchar de nuevo su risa. Porque le conoces tan bien que sabes qué mirada acompaña a cada tono de voz, o a cada expresión, o a cada carcajada. Y porque tú también tienes una sonrisa preparada para cada una de sus frases
-Pero es que no vale que yo quiera escucharle si él no quiere hablarme.
-No te preocupes que para eso tengo el cuarto motivo, y no tiene nada que ver contigo. Mi cuarto motivo es que los tres anteriores, y todos los que faltan hasta llegar a tus cuatrocientos, también se los puedes aplicar a él. Tú también eras su amiga, él también estaba contento cuando estaba contigo, a él también le gustaba escucharte, y ayudarte en tus problemas o reírse contigo, a él también le caíste bien, y le gustaba cómo eras, él también te quiso muchísimo... Tú piensas que no vas a tener nunca un amigo como él, y probablemente será así, pero lo cierto es que él tampoco va a volver a tener nunca una amiga como tú. Y por eso tienes que continuar, y él también.
-¿Y si él no piensa así? ¿Y si no quiere?
-Sí que quiere.
Ahora no me siento identificada con esto, pero no quiere decir que no lo recuerde. En cierto modo le echo de menos, aunque sé que hice lo correcto. No me arrepiento; lo que me gustaría, al menos, saber de él...
Nunca supimos cuándo, nunca supimos cómo... Los años pasan, el tiempo parece volar pero...los recuerdos se quedan.
Qué malo es sentir impotencia. Se siente por muchas causas, que a veces escapan de nuestro control. Por mucho que queramos, no puede ser monitorizada, reducida...nada. Toca aguantarse.
Yo me considero una persona activa, con mil y un planes por hacer a cada momento...y de pronto me toca estar quietecita por unos días. ¡¡No quiero!!
Puede parecer una rabieta de niña pequeña pero quien sea como yo entenderá que no me pueden decir que frene en seco; no pueden ponerme un STOP gigantesco, en mayúsculas y lucecitas de neón porque...lo único que me apetece es saltármelo. Y ahora mismo, muy a mi pesar, no puedo.
Lo gracioso es que tenía planes (claro, soy activa y siempre tengo algo por hacer) y estaba muy ilusionada con uno de ellos en concreto. Pues se acabó: despierta, no podrás ir. Podré llorar, patalear, sentirme fatal...que no, que no voy a ir. Además, ir sería...pasar un mal rato. No podría bailar (que es una de las cosas que más me gustan) y no estaría a gusto ni en el lugar ni conmigo misma. Pero por mucho que quiera, algo dentro de mi se niega a resignarse, me hace sentir esta maldita impotencia...me enfado y me pongo triste. Pues ala, tienes dos problemas: el Problema, y la tontería (esta última tiene solución, y en tus propias manos, querida Lunn...así que déjate de bobadas)
De alguna manera tenía que echar fuera lo que siento...y esto que he escrito no es ni una cuarta parte de como puedo sentirme. Bueno, algo es algo, como dijo un calvo cuando encontró un pelo en la sopa...
La vida es como una gran carrera de ciclismo, que tiene por meta el cumplimiento de la Leyenda Personal.
En la salida, estamos todos juntos – compartiendo camaradería y entusiasmo. Pero, a medida que se desarrolla la carrera, la alegría inicial da paso a los verdaderos desafíos: el cansancio, la monotonía, las dudas sobre la propia capacidad.
Nos damos cuenta de que algunos amigos han abandonado el desafío; aún están corriendo, pero sólo porque no pueden parar en el medio de una carretera. Son numerosos, pedalean al lado del coche de apoyo, conversan entre sí, y cumplen con una obligación.
Terminamos distanciándonos de ellos; y entonces nos vemos obligados a enfrentar la soledad, las sorpresas con las curvas desconocidas, los problemas con la bicicleta. Y, al cabo de algún tiempo, empezamos a preguntarnos si merece la pena tanto esfuerzo.
Sí que vale la pena. Tan sólo hay que perseverar.
Y por si esto fuera poco, si parásemos de pedalear, acabaríamos cayéndonos.
Dos miradas que se encuentran.
Sonrisas.
Los recuerdos vienen a la mente.
Te acercas, y entonces...
Ves lo evitado. No querías enfrentarlo, a pesar de no tener ningún tipo de problema en hacerlo. Preferías mantenerte al margen, no cruzarte...pero allí estaban. Y llegaste con tu sonrisa a desmontar su mundo. ¿Lo conseguiste? Vaya que si lo conseguiste.
Saludaste, diste besos...¿y a ellas? Un hola, junto con la sonrisa que traías de atrás. ¿Debilidad? No gracias. Hace mucho tiempo que dejaste de ser así. En cambio ella...ellas...siguen igual. Al verte se pusieron tensas, abrieron los ojos como respuesta a una muda sorpresa, el encontrarte sin querer, sin planificar. "Hola". Silencio. "Y la educación??". Vuelves a sonreír. Hablas con los demás, sigues riéndote. Y ellas como estatuas mudas, asisten al espectáculo en movimiento. Estatuas mudas...a las cuales dejaste de piedra.
No es necesario faltar al respeto, ni mucho menos, para hacer daño. Simplemente siendo educado se puede fastidiar a otro. No lo hiciste con esa intención, lo sé. Querías demostrar tu fuerza, y el daño colateral fue afectarlas a ella, haciéndoles ver la realidad.
Te parece patética su cobardía, no son capaces de enfrentarte, porque no saben usar las mismas armas que tú; son unas niñas que se quedaron en el pasado, se creen mujeres pero ni caso que lo son...no avanzan, se estacan...se quedan de piedra, como las estatuas...
Texto escrito escuchando:
P.D: lo siento, no esperaré por tí. Hace mucho que dejé de hacerlo.
En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y mas rápidamente aun, salió del agua... Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.
A veces creemos que nada podrá cambiar. Pensamos que lo perfecto, perfecto se quedará. Pero es sorprendente como cambia todo tu mundo cuando alguien o algo se cruza en tu camino. Tú te cruzaste en él, y caminaste a mi lado. Pero siento decirte que te has quedado atrás. Siento que camino a muchos kilómetros de distancia de ti, y sin amago de ego, siento que voy por delante. Porque intento avanzar, a pesar de encontrarme con un camino nada agradable, angosto, y que incita al tropiezo. Pero no, no caeré; y si lo hago me levantaré. Mi voluntad es mucho más fuerte que tu rabia, y es eso lo que hace que se produzca tu retraso.
Será tarde, pero no es nunca. No quieres; no te obligo. Una vez todo esto me importó y ahora…ya no sé si me importa ahora.
Te perderé la vista, porque me perderé en mis sueños…y cuando deje de verte, no creo que vuelva a dirigir mi mirada al pasado. Porque ya tú no estarás allí. Simplemente serás una persona desconocida, que camina por las mismas aceras que yo; y quién sabe si irás sumida en tus pensamientos o luchando por no llorar.
Lo siento, pero quizá te molesta que sea más fuerte que tú. Y no confundas la fortaleza con el orgullo, porque yo al menos estoy dispuesta a reconocer mis errores si una vez los cometí.
Cada día que pasa esto deja de tener sentido. Por ello sigo andando, sin pararme y con paso seguro, para intentar no resbalar en mi travesía. No me importan los caminos a seguir, su facilidad o su dificultad. No me importa lo que cueste llegar…pero sé que al final de todos ellos, está mi destino: mis sueños…y la verdad.
Adiós y suerte, pues no tengo nada más que decir.
"Cuando un hombre camina en dirección a su destino, se ve forzado muchas veces a cambiar su rumbo. Otras veces las circunstancias externas son más fuertes, y se ve obligado a acobardarse y ceder. Todo eso forma parte del aprendizaje. Peronadie puede perder de vista lo que quiere. Aunque en algunos momentos piense que el mundo y los demás son más fuertes. El secreto es éste: no desistir."
Texto inspirado en el anuncio de Mercedes-Benz 2010 Gottlieb Daimler "Tengo un sueño que cumplir"
Todas las historias tienen un comienzo. Como muchas, esta empieza con un sueño:
el sueño de curar a la primera persona; y hacerlo una y otra vez...
El sueño de generar en todo el mundo el sentimiento de ayudar al prójimo; de marcar momentos en la vida de la gente que nunca sean olvidados.
Y asumir responsabilidades, luchando para salvar vidas. El sueño de ganarle un pulso a la muerte, ahora y siempre.
De momento, no puedo descansar: mi sueño por cumplir me espera.