Resuenan en mi mente esas palabras. Tanto que golpean una y otra vez mi cabecita, y pienso que es verdad, que mejor no hacerlo. Que luego "pum", y duele.
Siempre fui de pensar que no todo el mundo es tan malo. Pero es que ultimamente me he dado cuenta de que tampoco es tan bueno. Es un 50-50 que aunque parezca equilibrado, no lo está para nada. ¿Cuándo es el momento para dejar de estar a la defensiva y relajarse? Quizá cuando menos lo esperas. El caso es saber reconocer el momento. Y aunque a veces sea evidente, no nos quitamos la armadura que nos hemos puesto. LLámese miedo, llámese ganas de no volver a pasar por lo mismo, llámese X.
Me ajusto la armadura, para que no se me caiga en el momento menos pensado. El yelmo sobre mi cabeza, la lanza sujeta por mi puño. Y en el otro lado, el escudo. Siento que estoy preparada para no dejar que nada ocurra, aunque espero que la graja se equivoque por una vez.

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