lunes, 10 de marzo de 2014

No elegimos...

No elegimos dónde nacer. Ni quiénes serán nuestros padres. Ni nuestra familia. LLegamos y ¡boom! Hola mundo. Lo vemos todo borroso y vamos aprendiendo por el tacto que nos rodea, hasta que enfocamos la sonrisa de mamá, si  es que tenemos la suerte de poder hacerlo...
No elegimos el curso de nuestra vida, pues aunque creamos que con nuestras decisiones controlamos el destino estamos muy equivocados: pienso que el nos controla a nosotros. La ilusión de control solo es eso, una simple ilusión que creemos tener a la hora de elegir qué camiseta ponernos y a dónde salir a pasear. El resto de cosas, como que al lugar al que has ido a pasear haya decidido ir medio pueblo, o que alguien se fije en tí por esa camisa roja tan llamativa que te has puesto, no lo controlas tú. 

No elegimos de quién nos enamoramos. A veces intentamos racionalizar un poco eso que llaman "amor", sobre todo después de malas experiencias. Creemos que la persona que sea así o asá será aquella que nos conviene. Pero a veces no es así; a veces no importa que sea guapo o guapa, no importa que tenga estudios universitarios, no importa que tenga infinita paciencia o que se le dé el jardín; no importa que un día pareciese que te entendías con él o ella... Porque a veces necesitamos que nos den un poco de guerra; no necesariamente te completa aquel o aquella con un trabajo y buen sueldo, quizá sea la persona más cafre del universo pero...si te da aquello que te falta, ES. Y entonces surgen las dudas, de si haces bien o mal, de si te vas a volver a equivocar, y el miedo asoma por tus ojos como queriendo escapar... No elegimos que el corazón entre en una taquicardia sinusal al ver a alguien, no elegimos pasar noches en vela por el café de unos ojos, no elegimos el momento en el que aparece alguien y te recoge los pedazos esparcidos por el suelo, que otro olvidó atrás.

No elegimos el momento de la muerte, ni tampoco cómo será. A veces llega de repente, y otras avisa. Y para quien no haya sentido su presencia cerca, solo puedo decir que es un frío helado que te roza suavemente, como para recordarte que la vida es tan efímera como un suspiro, como para decirte que no te pierdas nada ni un solo minuto en el que tu corazón lata y tus pulmones intercambien oxígeno...


1 comentario:

"Habla para que yo te conozca", esto lo dijo Sócrates.
Deja un comentario (me encantará leerlo) pero no seas de esos que habla sin antes pararse a pensar...Y recuerda que no importa lo que yo escriba, sino lo que tu entiendas. =)