Una vez vi un anuncio, creo recordar que de CocaCola, en el que mostraban a un hombre que hacia unos ataúdes curiosos. Si mal no recuerdo, eran algo que siempre había querido el difunto, o lo que había regido su vida. Aún no estoy en la mitad de la mia pero pensé que de poder elegir, el mío tendría una enorme sonrisa. Si, una boca sonriente con todos sus dientes, blancos y brillantes; el símbolo de la alegría.
Miré la caja embalada. Era perfecta. Al principio pensé "¿flores?". Pero si. Flores. Porque ese pequeñín consiguió con su canto que en casa hubiese siempre una eterna primavera. Gracias, pequeño antipático de cantos dulces. Feliz vuelo...
(Doble T.)
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