Iba sumida en sus pensamientos, mientras conducía por las transitadas calles de aquella ciudad, tan llena de luces y de vida. Vida...eso que sentía que se le escapaba por momentos. Ella siempre se sentía así cuando algo la superaba.
Subió el volumen de la música y chilló. Gritó al cielo todo lo que llevaba dentro y deseaba sacar, sus más profundos deseos y sus convicciones. Las lábrimas brotaron como cascadas en sus ojos, inundando como una gran riada sin control sus mejillas. Ella seguia conduciendo. LLegó a un cruce y maldijo el no poder hacer el giro que deseaba, por lo que tuvo que dar un rodeo.
Se acordó de ellos. De dos personas a las que extrañaba ver, con las que quería conversar tantas cosas... Sobre todo con una en concreto. Anhelaba su abrazo con toda su alma. Sus lágrimas no cesaban.
El coche de delante quiso girar, pero tuvo que detenerse para que pasasen otros coches. Ella frenó suavemente, y por costumbre miró por su retrovisor para cerciorarse de que el coche que viniera tras de ella frenaba también. Y lo vió. Me corrijo: La vió. Preciosa, grande y llamativa, con sus dos faros brillantes, sus luces tintineantes...
Ella pensó que era un chiste, una burla de la vida, una maldita casualidad del destino. Pero tras quejarse al cielo por hacerle sufrir de ese modo, recapacitó. "Tal vez es una señal, un mensaje que alguien me envía, para que no abandone, para que no deje todo atrás...para que no lo olvide, para que siga convencida de ello..." Y al fin, aún entre lágrimas, sonrió. Y no dejaba de mirar por su retrovisor, no dejaba de mirarla, "Me sigue...me acompaña..." pensaba.
Hubo un momento que sus caminos variaron. Ella vio por su retrovisor como ponía el intermitente y se entristeció. La abandonaba. Pero pronto comprendió que volverían a encontrarse, porque si se daba prisa y no se venía abajo coincidirían de nuevo. Y así fue. La vio en un stop. Y allí supo como se llamaba. 4321. Se repitió su nombre una y otra vez para no olvidar que fue esa y no otra la que le recordó lo que no debía abandonar por nada ni nadie. Ella sonrió. Y lloró. Y sonrió otra vez. "Es tan bonita..."
Al llegar a la rotonda, se despidieron, tomando rumbos diferentes. "No pasa nada" se decía Ella "Ha venido tan solo un momento para recordarme aquello que no debo olvidar". Y cuando se incorporó a la autopista, vio, no muy lejos, unas luces amarillas titineantes y sintió que había alguien muy lejos de allí que le había enviado todo aquello, alguien que la vela y la cuida siempre, alguien que habita en las estrellas y no deja de brillar por más que pasen los años...
Ella sintió una fuerza en su interior y comprendió lo que a veces se le olvidaba: que ha superado muchos obstáculos, que no hay nada imposible, que no hay nada que no pueda hacer porque ya ha sobrevivido a otras batallas y sabe muy bien que la guerra aún no ha acabado.
No se rendirá, la conozco. Puede parecer débil, pero sé lo que guarda dentro de sí. Compartimos El Sueño. Somos dos en una, una de dos. Dos caras de una moneda, la débil y la fuerte, la que llora y ríe, la que afronta y abandona... La de siempre y la oculta, que hace poco que ha nacido y que avanza con fuerza para no dejar que nadie la hunda.
Te prometo que saldremos a flote. ¡Qué carajo! Estamos nadando. A contra corriente, como siempre sí, pero no nos ahogamos. ¿Ves el puerto allá a lo lejos, el faro, las luces de las casas costeras? Vamos a llegar, cueste lo que cueste. Y cuando por fín toquemos tierra, cuando veamos que lo que nos rodea es realidad y no un sueño...entonces habrá terminado la incertidumbre, habrá vencido la determinación y la fortaleza, y por fin todo cobrará sentido. No abandones. Yo, a pesar de todo, aún no lo he hecho.
A seguir soñando con estrellas fugaces amarillas, dicen...
98
*Gracias 43.21. Gracias T.*